Nos encontramos con
Leandro Maldonado, que junto a Sergio Guzzetti, Sebastián Arias y bajo el
patrocinio del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina ,
está retratando en una serie de documentales diferentes culturas subalternas de
Latinoamérica que han sido ignoradas durante siglos, con el objetivo de darles
un espacio donde puedan hacer oír su voz.
“La Voz de los sin voz” es una
idea del pianista y hoy Embajador Argentino ante UNESCO, Miguel Ángel Estrella,
que en un principio contó con el financiamiento de UNESCO pero que actualmente
se lleva a cabo con costo de producción mínimo y gracias al sacrificio y la pasión
de estos tres realizadores.
¿Cuántos documentales
llevan hechos?, ¿Nos podrían describir brevemente cada uno?
Bajo el formato de producción actual llevamos filmados cinco
documentales de los cuales se ha finalizado recién el primero. Previo a este
modo de trabajo tengo conocimiento de que se han realizado seis documentales
más, pero no podría responder con exactitud ya que no formaba parte del
proyecto. Dentro de los cinco que mencioné en primer término, hemos retratado
la Tumba Francesa de Bejuco y la expresión Vuduista-haitiana en Cuba, la
comunidad Tsimane´ en Bolivia, los Violines del Cauca en Colombia y la cultura
Saraguro al suroeste de Cuenca, Ecuador.
¿Qué es lo que intentan
mostrar con los documentales?
En principio la idea es visibilizar diferentes expresiones vigentes en
nuestro continente que por motivos de dominación, aniquilación o mismo
políticas de globalización han ido perdiendo, con el paso del tiempo,
diferentes elementos cuantitativos y cualitativos propios de su cultura. Si
bien existen expresiones que permanecen más vivas que otras, todas tienen en
común el haber carecido de voz propia para manifestar sus necesidades, por
fuera de cualquier intento asistencialista.
El programa trabaja casi en forma dogmática el hecho de prestar
elementos técnicos para que puedan decir lo que quieran decir sin ningún tipo
de interpelación, para luego difundir dicho material y completar así el círculo
de comunicación, es decir, que eso que se manifiesta sea escuchado.
Me imagino que viajar a
lugares aislados de Latinoamérica a conocer expresiones artísticas y culturales
tan diferentes debe estimular mucho la reflexión.
Difícilmente no nos encontremos a nosotros mismos debatiendo y
reflexionando en forma constante sobre todo lo que vivimos en el día a día de
este encuentro intercultural. Muchas cuestiones que uno creía dominar desde el
área teórica caen por su propio peso, pierden consistencia. Particularmente
prefiero no hablar de la diferencia entre el estudio de escritorio y la salida
al campo porque son conceptos que refieren a cierta lógica académica y siento
que nuestro trabajo va por otro lado, sin tantas pretensiones. Simplemente nos
alegramos de poder tener estas aventuras, más allá de las conclusiones a las
que podamos abordar.
¿Hay algunas
reflexiones que puedan sintetizar y abarcar todos los documentales?
Tal vez el hecho de que nuestras similitudes son infinitamente más
evidentes que nuestras diferencias. El hecho de despedirnos siempre de las
comunidades con cierta nostalgia precipitada o de haber tenido muestras de
afecto tan significativas en todos los viajes dan cuenta que en definitiva el
ser humano habla el mismo idioma, amén de sus significantes.
Yendo en particular
sobre la Tumba Francesa de Bejuco, ¿Cómo fue la experiencia de vivir en el
campo, compartiendo con la gente del pueblo?, ¿Vieron muy distinta la vida del
campesino en Cuba respecto de otros países?, ¿Qué particularidades encontraron?
El primer viaje a Cuba tuvo un valor doble, no sólo por lo rico de la
vivencia sino por haber sido el primer trabajo con esta nueva modalidad de
producción más austera, en la cual conformamos un equipo técnico de tres
personas. La experiencia de haber convivido con ellos fue inmejorable; si bien
tuvimos una exigencia propia de los nervios del camino que se inicia, han
colaborado intensamente para que todo fluyera en armonía.
Cuba es diferente en sí misma a otros países, más allá de referirnos
al campo o a la ciudad; bien sabido es que el sector agrario ha cobrado mayor
relevancia tras la revolución y lo que pudimos ver son los coletazos del ´59,
personificados en algunos actores sociales con los que hemos compartido.
Evidentemente no es lo mismo el campesino de ochenta años que ha vivido las dos
realidades a los chicos de veinte. El éxodo del campo a la ciudad para mejorar
las condiciones de vida es algo que está vigente, no hay por qué negarlo, pero
tal vez sea necesario revisar qué se entiende por “mejores condiciones de vida”
y desde ese lugar no se puede soslayar el proceso de cambio en el que está
inmerso el país.
No es una comparación valorativa la que estoy haciendo, pero sí se
debe mencionar que en la actualidad el joven cubano no pareciera contentarse
con tener su parcela de tierra para trabajar y obtener de esta un buen rédito
asegurándose las necesidades básicas, sino que otras urgencias han nacido a
partir de la apertura de Cuba hacia otras realidades.
¿Cómo es la relación de
los jóvenes con la expresión artística de sus antepasados?, ¿Penetra incluso en
estos ambientes la cultura global con sus expresiones musicales comerciales o
están al resguardo?
Podría decirse que está al resguardo, pero con un cobertor muy
endeble; La Tumba Francesa de Bejuco carece de medios para asegurar su
continuidad. Tal vez sea necesario aclarar que a diferencia de las otras dos
Tumbas Francesas que conviven en Cuba, es la única que se ha mantenido en un
ámbito rural, ya que las otras dos se conformaron alrededor de distintas
sociedades de ayuda y recreo instauradas en la ciudad, cuando los
afrodescendientes bajaron de sus parcelas, dejando atrás la vida en el campo.
Si bien en Bejuco es en donde se conserva la tradición en forma más
pura, no ha habido un compositor desde 1982, los jóvenes se han ido a buscar
oportunidades a otros sitios, por lo que pasadas las dificultades para poder
organizar una presentación o un ensayo, adviene el otro problema serio que es
el mero acto de repetición de su tradición a través de canciones antiguas, sin
nadie que tome el lugar que alguna vez sus abuelos han dejado.
Viendo el documental
hecho en Bolivia con los Tsimanes, uno no puede evitar pensar en lo fuerte que
puede ser la experiencia de estar una semana en la selva, con una comunidad
indígena que habla otro idioma, compartiendo su vida cotidiana.
Lo dificultad no ha radicado esencialmente en la convivencia, sino en
la logística de producción para la realización de un documental cuyos recursos
son de medianos a bajos. Como bien dijiste, fue una semana en la que tuvimos
que transportar equipos, alimentos, combustible a través de un terreno que
muchas veces puede ser inhóspito.
Por otro lado, entiendo que no se podría hacer de otra manera; es
necesaria esta forma de producción discreta, acotada, para no ser invasivos
ante la expresión que abordamos. Las comunidades indígenas en América latina
tienden a ser introvertidas, seguramente como defensa ante las envestidas que
han sufrido a lo largo de su historia; más allá de eso, han sido muy afables y
solidarias con el proyecto.
¿Qué nos pueden contar
de esa experiencia?
Fue un registro esencialmente diferente a los otros. No hubieron
entrevistas y será montado con una voz en off en su lengua original a modo de
relato oral. Pienso que puede ser el documental más silencioso de todos, porque
la selva propone eso. Siento que hay que tener los sentidos más agudizados para
poder descifrar lo que allí sucede y seguramente eso intente el trabajo.
¿Cómo es el día a día
en la comunidad?
Bueno, como en cualquier sociedad, las tareas están divididas; algunos
se dedican a la pesca, otros a la agricultura, los más chicos van a la escuela
por la mañana, pero toda actividad se lleva a cabo a un ritmo propio de su
geografía e idiosincrasia. Percibimos mucha alegría en los niños; el juego es
constante. Por otro lado, mantienen asambleas para deliberar sobre ciertas
cuestiones en donde todos tienen voz y voto.
¿Cómo es la relación de
la comunidad con el resto de la sociedad Boliviana, el sistema y el estado?
Existe un vínculo constante con San Borja (ciudad que actualmente
tiene un alcalde con ascendencia tsimane´) y con otras ciudades menores de la
región. A las comunidades que visitamos se accede mediante un trayecto de tres
horas en una suerte de canoa motorizada, pero sabemos que a otras tantas se
llega tras uno o dos días de viaje y suponemos allí una mayor distancia
cultural.
La visión sobre el indígena difiere según la ciudad; es probable
encontrar en Santa Cruz, por ejemplo, una mirada más bien peyorativa y tal vez
esto no suceda tanto en otras ciudades con mayor contacto con estas
comunidades. De cualquier manera, pudimos observar que en líneas generales
existe una subvaloración de las culturas amazónicas en comparación con las
andinas.
¿Cómo se vive la
espiritualidad en la comunidad?
Desde la colonización en adelante encontrar una expresión continente
de componentes espirituales ajenos al cristianismo representa una tarea harto
compleja. En los cantos, en los rezos, incluso en lo que refiere a la
pedagogía, hemos observado una fuerte impronta evangelista, en sincretismo con
la cultura tsimane´, a modo de reproducción de la lógica de dominación que ha
caracterizado el devenir de los pueblos originarios.
¿Cuál es la conexión
que tienen con lo que llamamos “el mundo globalizado”?
Como mencioné anteriormente, se encuentran tan sólo a una distancia de
tres horas de San Borja, por lo que el intercambio se vuelve inevitable. Para
poder mantener su cultura viva, es necesario que apelen a ciertos logros
erigidos por la cultura occidental, desde los más básicos como el uso de medios
de comunicación hasta algunos que demandan otro esfuerzo en el tiempo, como
estudiar derecho o ciencias políticas. Son utilizados muchas veces como armas
del sistema contra el sistema, pero a su vez esto conlleva un riesgo subyacente
que es el hecho de que estos elementos ajenos a su cultura penetren de tal
manera que desplacen, diluyan o erradiquen diferentes cuestiones propias de su
identidad.
¿Qué tipo de
problemáticas humanas pudieron observar ustedes que se repiten tanto en la
selva como en las grandes ciudades? Y ¿Qué tipo de problemáticas de las grandes
ciudades no se observan en estos ambientes?
Continuando con la pregunta anterior, pudimos observar como a partir
del intercambio con las ciudades ingresan en las comunidades elementos con los
que a priori no habían mantenido relación en otros tiempos. Esto sucede con los
residuos plásticos por ejemplo; continuamente hemos sido testigos de cómo las
comunidades se llenan de basura proveniente de otros ámbitos, porque no están
acostumbrados a lidiar con elementos que no sean orgánicos o fácilmente
degradables. Cuando ellos toman un plátano, arrojan la cáscara a la tierra y
eso no genera mayor inconveniente, el problema emerge cuando hacen lo propio
con una lata de gaseosa o un paquete de galletas. No obstante, el nivel de
contaminación es claramente incomparable con el de las grandes urbes.
Encontramos también una lógica relacional que difiere profundamente
con el sistema vigente en la ciudad; las redes sociales se tejen en forma mucho
más horizontal y es común el contacto directo entre los líderes comunales y sus
representados. Por otro lado, en materia de salud pudimos observar que
lentamente los tsimanes se han ido acercando hacia las necesidades propias de los
residentes de la ciudad. Esto se debe principalmente a que la medicina
tradicional de la comunidad va quedando relegada en forma progresiva (sólo
hemos conocido un curandero) y con ello aparecen problemáticas similares a las
que se puede observar en otros contextos, acrecentadas por las distancias que
mantienen con los hospitales o servicios médicos.
Por supuesto que también se puede destacar la ausencia de violencia
implícita, individualismo, delincuencia, discriminación. Más allá de ser una
obviedad, difícilmente uno encuentre dichas expresiones en estas comunidades,
ya que son propias de ámbitos en donde la puja se constituye y se sostiene
alrededor de ciertos objetos o bienes de valor establecidos que son
insuficientes o bien resultan inalcanzables para buena parte de la sociedad.
Suena el teléfono y
Leandro se disculpa por unos minutos para atender un asunto urgente. Mientras
tanto, yo no puedo dejar de pensar en las aventuras que está viviendo en estos
trabajos que él define como registros o documentaciones culturales.
Convivir más de una
semana con una comunidad indígena en plena selva amazónica es una experiencia
inimaginable. Es viajar en el más amplio sentido de la palabra, desplazándose no
solo en el espacio sino también, en cierta medida, en el tiempo y en la
diversidad humana. No se trata simplemente de “conocer” una cultura diferente
por el solo hecho que hablen otro idioma y coman otras comidas.
Se trata de convivir
con una comunidad donde los niños son criados con una cosmovisión distinta a la
nuestra desde la raíz misma. Donde la vida transcurre con una conexión con la
naturaleza que nosotros no podemos ni empezar a imaginar y donde cotidianamente
surgen problemas y dificultades que a quienes vivimos en las ciudades nos
vienen resueltos casi por arte de magia.
Filmar una ceremonia
vodú, con sacrificio de animales, debe ser intenso hasta el límite de lo
perturbador. Sobre todo para quienes crecimos en la ciudad alejados de las
tareas campesinas. ¿Cómo lo vivenciaron ustedes?
Creo que hay que discriminar las sensaciones que invadieron al momento
de la ceremonia y las que subjetivamente se construyeron luego. Desde ese
lugar, es posible que haya sido por demás intensa la vivencia in situ; el
calor, los cantos, el trance, la gente disputando un lugar de privilegio para
ver la ceremonia en un espacio reducido, la sangre corriendo y nosotros allí,
en primera fila. Todo eso formó parte de una experiencia difícil de poner en
palabras, ajena a cualquier descripción valorativa que es atenuada tal vez por
el hecho de tener que estar concentrado en lo que se está filmando, acción que
impone cierta distancia. Una vez pasada esa etapa y al momento de rever el
material para editar, aparecen sensaciones encontradas y resignificaciones del
fenómeno, no podría decir perturbadoras, pero sí que dificulta la revisión de
lo que hemos registrado.
¿En qué consistía la
ceremonia?
Si mal no recuerdo se efectúa cada dos años y tiene que ver con rendir
tributo a los santos que veneran. Cada santo o deidad se nutre de diferentes
“alimentos” y la comunidad los ofrece a modo de intercambio. Estos se montan a
su vez sobre un Ugán (hombre) y/o sobre una Mambó (mujer) que guían la
ceremonia; en ese momento la persona deja de ser tal para convertirse en el
santo que ordena y dirige todo lo que se va realizando.
Más allá de la simbología que es extensa e imposible de reproducir,
los momentos más significativos estaban dados por la ofrenda de animales como
cerdos, chivos, gallinas. Los Uganes y las Mambos eligen quienes van a realizar
el sacrificio y a veces son ellos mismos los que ejecutan la acción, todo esto
al ritmo de cantos y toques africanos que responden a su etnia.
El grupo de gente que
organizaba los rituales era también parte de una organización de viviendas
ecológicas y otras movidas positivas.
Sí, de hecho uno de los lugares donde se realizó la ceremonia de cinco
días de duración fue una finca en donde se está construyendo un espacio
autosustentable, a partir de un colectivo interdisciplinario llamado Ennegro,
integrado por artistas de distintas ramas que dentro de su obra rescatan y
exponen elementos de la cultura Vodú. La idea es que vivan allí varias familias
en forma comunitaria sosteniendo valores referidos al cuidado del medio
ambiente y los recursos naturales.
¿Encuentran
contradicción entre buscar una vida más sustentable, respetando la naturaleza y
este tipo de ceremonias?
Es un tema complejo. Siempre que uno hable de contradicción supone una
confrontación entre creencias propias de una cultura; tal vez yo pueda hablar
de cierta paradoja desde el discurso que he introyectado en mi vida, pero en
este proyecto poco importa nuestra visión. Nos hemos tomado el trabajo de
mostrar que luego de las ceremonias en las que la sangre de los animales es ofrecida,
estos son utilizados a modo de alimento compartido para todos los que deseen
participar de la experiencia, es decir, no me supone mayor crueldad la matanza
de un cerdo en esas condiciones que la que pueda sufrir en una cultura como la
nuestra, previo a un “rico asado de domingo”.
La contradicción también tiene que ver con un juicio de valor y creo
que los relatos están construidos bajo el paradigma del relativismo cultural.
Así fueron enseñados, esa es su creencia y si no les supone que eso va en detrimento
de una relación más armónica con la naturaleza, entiendo que no somos quienes
para cuestionar nada. De hecho, es posible que para ellos los sacrificios
formen parte de una lógica absolutamente natural de relación entre los seres
que conviven dentro de este mundo material y los que moran fuera de él; allí no
hay contradicción alguna.
Por otro lado, tampoco se puede menoscabar el hecho de que ser
vegetariano en Cuba es bastante más difícil que serlo aquí, teniendo en cuenta
la poca variedad de alimentos.
¿Cómo era el día a día
de los participantes cuando no había ceremonia?
Bueno, allí también hay que hacer una distinción entre las personas
que eran montadas por los santos de las
que no. Estas últimas no presentaban mayores diferencias; más allá de participar
del fenómeno a través de bailes, cantos y rezos, en el día a día se las podía
ver haciendo otras actividades relacionadas a la construcción de este espacio
autosustentable o bien dedicándose a producciones vinculadas con el arte o con
labores más burocráticas que el espacio requiere.
Los Uganes o las Mambos sí atravesaban cambios visibles en su
conducta; tal vez uno podía estar compartiendo durante el día charlas, comidas,
experiencias, pero durante la noche sufrían una transformación radical en las
cuales lógicamente el diálogo se tornaba imposible.
Eso queda reflejado en forma clara cuando se comparan las imágenes
registradas durante las ceremonias y las entrevistas realizadas en un contexto
diferente. Incluso han tenido santos montados en sus cuerpos varios días, por
lo que fuera de la ceremonia se mantenían resguardados en alguna de las
construcciones levantadas dentro de la finca.
En Colombia, estuvieron
al sur de Cali registrando una expresión musical muy interesante.
¿De qué se trataba?
Así es. Es el trabajo que estamos terminando de editar y tuvo que ver
con el registro de las agrupaciones vinculadas a los Violines del Cauca. Hemos
trabajado con tres de ellas (Brisas de Mandivá, Aires de Dominguillo y el Grupo
Palmeras, de la vereda del Palmar); es una expresión heredada de la esclavitud
y de la apropiación que hicieron los afrodescendientes del violín traído por
los europeos, principalmente los Jesuitas.
Es un fenómeno similar al de la Tumba Francesa, conformado por una
sonoridad atravesada claramente por elementos afro, que en sus temáticas
abordan tanto cuestiones religiosas como emergentes de su cotidianidad. Sin
dudas fue uno de los trabajos más lindos que nos ha tocado hacer, porque es una
expresión absolutamente viva que se retroalimenta en forma constante; las
presentaciones son demenciales, pueden durar noches enteras y la gente baila y
canta de principio a fin. Más allá de eso, representan un fuerte valor
comunitario a modo de cohesión y reafirmación identitaria.
¿Esa zona de Colombia
estuvo afectada por los problemas con el narcotráfico y la guerrilla?
¿Comentaba algo la gente del lugar al respecto?
No hemos indagado profundamente al respecto, pero sabemos que la
situación está más apaciguada que en años anteriores. Es una zona fuertemente
militarizada, pudimos constatar eso en las rutas y, por otro lado, también
debemos decir que fue un territorio táctico-estratégico en donde antiguamente
operó el M-19. Nosotros no hemos visto nada destacable en relación a ese tema y
los comentarios que nos han hecho tampoco merecen mayor relevancia.
Personalmente creo que existe cierto discurso construido en relación a
Colombia que pudo haber tenido un mayor correlato con la realidad en épocas
pasadas, pero que al día de hoy ha quedado un tanto obsoleto. Algo de ese país
aún subsiste, pero en magnitudes incomparables.
En su último viaje
estuvieron en Ecuador, más precisamente trabajando con la comunidad Saraguro,
registrando la actividad de una escuela alternativa que está siendo intervenida
por el estado nacional por no respetar los parámetros impuestos por el estado a
la educación. ¿Con que tipo de colegio se encontraron?
La visión romántica diría que nos hemos encontrado con una utopía
llevada a la realidad; lo cierto es que nos faltó tiempo para extraer
conclusiones de ese estilo; no obstante, hemos sido testigos de una práctica
pedagógica que es esperanzadora de cara al futuro. El hecho de tener en cuenta
la individualidad, las características o las necesidades propias de cada
estudiante por sobre programas escolares que proponen la incorporación de
conocimientos valorados como tales, independientemente de quienes lo reciban,
propone otra concepción del ser humano y su vínculo social.
En esta escuela el componente emocional de la persona tiene un gran
valor; supone que ningún estudiante puede desarrollarse plenamente si en primer
término no resuelve cuestiones vinculadas a su propio ser. Fomenta el
pensamiento auténtico, crítico, profundo y entiende que los chicos llegan a
mejor puerto mediante una libertad que pueda ser guiada y acompañada que por
medio de un sistema de premios y castigos que no hace otra cosa que adjudicar
rótulos que muchas veces persiguen a la persona de por vida.
¿Cuál era la versión
del interventor y cual la de las personas que participaban del proyecto?
El interventor tenía una visión conciliadora. Si estaba allí es porque
entendía que la escuela de alguna manera podía compatibilizar su propio
espíritu con las pautas del Ministerio. En alguna charla nos ha revelado que se
encontró con un espacio donde “no reinaba la libertad sino el libertinaje”.
Bueno, habrá que ver qué entiende él por libertinaje, seguramente estos cambios
paradigmáticos no sean fáciles de digerir para cierta visión anclada en lo que
debe ser una escuela y el rol que debe cumplir un docente y un estudiante. Pero
bueno, toda modificación conlleva una resistencia y será el tiempo el que en
definitiva ponga las cosas en su lugar.
Lo que puedo decirte a título personal es que encontrar a un joven que
manifieste mirándote a los ojos y sin titubear que no le es útil en absoluto
tener una casa más grande o un auto más caro que su vecino, porque piensa el
vínculo social en términos de un “nosotros - nuestro” por sobre un “yo - mío”,
me hace creer que su educación no ha dejado librado al azar ciertas cuestiones
vinculadas a la solidaridad, la comunidad, al sentimiento de pertenencia, etc.
En líneas generales, los docentes no parecían muy cómodos adoptando el sistema
de asignaturas y calificaciones propuestas por el Ministerio, pero en mi
opinión creo que entendieron que trabajar desde ese lugar es mejor que tener
una escuela cerrada.
¿Tuvieron la
posibilidad de interactuar con los alumnos? ¿Cómo fue esa interacción?
Sí, por supuesto. Algunos lógicamente se mostraron más tímidos que
otros; pudimos ver como resolvían ciertos asuntos vinculados a su escolaridad
mediante asambleas en donde se fomentaba la discusión y el consenso; incluso
también los más pequeños dirimían sus cuestiones de esa manera.
En líneas generales, no hemos podido observar diferencias
significativas con otros adolescentes que pudieran concurrir a una escuela
clásica, pero sí reconocimos un fuerte sentimiento de pertenencia a su
comunidad y sus tradiciones. Llevan con orgullo su herencia indígena,
representada en actividades y creencias religiosas, vestimenta, lengua, etc.,
pero sin dejar de estar integrados a la sociedad moderna.
¿Conocieron algún ex
alumno que haya concluido sus estudios en esa escuela?¿Cómo fue la experiencia
de los mismos?
Sí y creo que ha sido de las entrevistas más afortunadas que nos ha
tocado realizar. Gracias a la escuela y a la contención de los facilitadores,
pudo desarrollar su vocación vinculada al trabajo con piedras para joyería y en
la actualidad tiene montado un taller que demanda buena parte de su tiempo. Más
allá de eso, también concurre a la Universidad y su experiencia allí es por
demás satisfactoria.
Nos ha contado una anécdota que tal vez ilustre mejor la situación de
lo que yo pueda hacerlo con mis palabras: Una compañera recibida en una escuela
tradicional comentó lo orgullosa que se sentía del hecho que su educación haya
fomentado, aún con técnicas pedagógicas bastante violentas, la prolijidad en su
escritura, a lo que este chico reflexionó “la verdad es que mi letra es un
desastre, no se me entiende nada, pero en reiteradas ocasiones los profesores
de la universidad han ponderado mis ideas”.
¿Qué otras expresiones
culturales tienen planeado registrar en los próximos meses?
Lo primero que tenemos a futuro es Brasil, más precisamente Bahía. Aún
no sabemos con certeza qué expresión vamos a abordar, pero seguramente tenga
que ver con alguna comunidad indígena, tal vez sean los Pankararé.
Luego nos dedicaremos a editar los documentales que aún no hemos
trabajado y seguiremos viajando recién el año que viene, en principio a
Nicaragua, Haití y tenemos en vista un proyecto bastante ambicioso en Zimbabwe,
con la comunidad Shona; sería grandioso poder abrir la puerta de África a
partir de un registro como este.
Una vez apagado el
micrófono y concluida la entrevista seguimos charlando con Leandro sobre las
muchas anécdotas que estos viajes le están dejando. Todas estas comunidades se
encuentran a horas de distancia de las ciudades y generalmente se accede a las
mismas por caminos muy mal mantenidos o prácticamente inexistentes. Como puede
esperarse, los obstáculos a sortear en estos trabajos de registro y
documentación cultural con un presupuesto muy acotado requieren inevitablemente
de mucha imaginación, paciencia y compromiso social para con los pueblos
subalternos de América Latina. Cada documental - y cada contacto con una
cultura nueva- imprimen en la vida de Leandro una experiencia y un aprendizaje
profundo e interesante de compartir.
El primero de ellos,
sobre la Tumba Francesa
de Bejuco, ya está compartido en YouTube para ser visto por quién lo desee,
después de todo, el objetivo es dar voz a quienes el sistema ignora. Y para eso
nada mejor que usar sus propias herramientas para qué esta voz sea escuchada
por la mayor cantidad de personas posible.






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