“Hay que hacer como hacen
los países serios”. Tanto los medios de comunicación como muchos políticos
repiten esta frase o alguna parecida como solución a todos los problemas.
Comentario que deja implícito que hay una receta única seguida por los países
exitosos en los parámetros capitalistas. Al comparar Suecia y Estados Unidos,
con estadísticas del banco mundial, queda claro que estos países pueden tener
sus economías configuradas de formas muy distintas y con diferentes resultados
sociales. Lo que demuestra que no hay una receta única y que incluso si lo que
se quiere es copiar a los países exitosos conviene informarse para poder elegir
qué tipo de éxito queremos para nuestro país.
¿Por qué comparar a Suecia con Estados Unidos?
Es muy común, tanto en los
grandes medios de comunicación como en opiniones de personas de a pie, que se
haga alusión a la necesidad de imitar a los países “desarrollados”. Más allá
que habría que debatir que significa desarrollo y que imitar un modelo exitoso
en otro país sin tener en cuenta las diferencias culturales y estructurales no
tiene muchas posibilidades de éxito, mi intención con esta entrada es marcar
que los países “desarrollados” tienen muchas diferencias entre sí. Por lo tanto
esas afirmaciones deberían ser, en todo caso, más específicas en cuanto a que
países se desea imitar.
Creo que la mayoría de las
personas a las que les interesa la política saben de las enormes diferencias
que hay entre la mayoría de los países de Europa Occidental y los Estados
Unidos, pero no sé hasta qué punto todos ellos son conscientes de cuan
diferentes son. Y considero que marcar bien estas diferencias es importante
para aclarar un poco el debate político que generalmente se llena de consignas
vacías de contenido que confunden a la mayoría de la población a la cual no le
interesa profundizar en la política y la economía y mucho menos conocer las
realidades de otros países.
Más allá de la intención de
profundizar o no en esta materia me parece importante que cada persona sepa qué
tipo de organización de la economía prefiere para nuestro país, les exija a los
candidatos un claro posicionamiento y elija en consecuencia.
De lo contrario quedan expuestos
al marketing político y terminan votando por la imagen que tienen de un
político en particular en vez de elegir un conjunto de ideas de país
representadas por determinado partido político o alianza aumentando así la
influencia de los fondos que cada candidato tenga u obtenga y desvirtuando la
democracia.
Luego esas personas se jactan de
su descreimiento de la política con frases como “son todos iguales” sin hacer
un mea culpa por no haber dedicado unos minutos de su vida a saber cuáles son
las propuestas de cada candidato para poder diferenciarlos.
Si uno tiene aunque sea una idea
general de lo que quiere y vota en consecuencia, esa idea no debería cambiar si
el candidato o partido que las representa es corrupto, ineficiente o cuando
llega el momento hace lo contrario a lo que propuso. En todo caso habría que
cambiar de personas.
Claro está que con el tiempo una persona
puede cambiar de parecer pero lo
importante es elegir de acuerdo a las convicciones y no por imágenes o sensaciones.
Este vaciamiento beneficia al poder, tanto económico como político, que
mancomunados o no, van a preferir perpetuar esta situación.
Un político que hace promesas de
creación de determinada cantidad de empleos, de reducción de la inseguridad o
cualquier resultado debería ser descartado por la población si esta es
consciente de lo que quiere como país y solo vota a aquellos que proponen
ciertos cursos de acción en pos de lograr esos objetivos a sabiendas que es
imposible predecir los resultados.
Otro efecto del vaciamiento del
debate político es que aquellas personas que si tienen claro su posicionamiento
ideológico terminan siendo rehenes de ciertos políticos que se presentan como los únicos defensores de
esas ideas y los terminan votando a pesar de considerarlos corruptos o
ineficientes por interpretar que son la
única posibilidad de mantener ese rumbo.
Por este motivo es imperiosamente
necesario que el debate se clarifique y se escinda a las ideologías de las
personas que las ejecutan. Por tener determinada ideología una persona no debe
fanatizarse y convertirla en un dogma, considerando enemigos a los que piensan
distinto. Estos extremos son utilizados, con bastante éxito, por el poder
económico-mediático para demonizar las ideologías y la política, sacándose de encima de esta forma a un
posible contrapeso a su posición dominante.
Constantemente se escuchan
discursos que rezan que no importa que ideología tenga un líder político o un
partido, lo único importante es que sea honesto y eficiente en la gestión.
Considero que ese discurso se cae
con esta comparación ya que se trata de dos países con sistemas políticos y
económicos claramente más eficientes y menos corruptos que el nuestro y sin
embargo con resultados completamente distintos, no en cuanto al nivel
desarrollo material y de creación de riqueza, donde ambos se podrían considerar
exitosos, sino en la forma en que distribuyen esa riqueza material y en el tipo
de sociedad que resulta.
Como ya se mencionó, son enormes
las diferencias entre Estados Unidos y muchos
de los países de Europa Occidental entre los cuales voy a elegir a
Suecia por ser históricamente el ejemplo más conocido de estado que interviene
en la distribución del ingreso, pero con matices sería casi lo mismo elegir a
cualquiera de los otros países escandinavos y en menor medida a Francia o
Alemania.
Claro está que comparar a un país
que tiene más de 300 millones de habitantes y el cuarto territorio más grande
del mundo con un país cerca de 21 veces más pequeño y con aproximadamente 10
millones de habitantes tiene muchas limitaciones, pero aun así creo que vale la
pena el ejercicio.
En todo caso la desproporción en
el tamaño y población acarrea ventajas y desventajas puesto que USA al ser tan
grande tiene un poder imperial que le permite emitir la moneda que se utiliza
en el mundo relajando así ciertos límites que tienen el resto de las economías,
presionar y coaptar gobiernos de diversos países para obtener ventajas para sus
productos y empresas y disponer en gran cantidad de casi todos los recursos
naturales necesarios para el desarrollo.
Por otro lado tiene una población
tan grande y heterogénea que es mucho más difícil conciliar los intereses de
los distintos sectores en pos de un bien común haciendo que las diferencias regionales
sean mucho más importantes que las existentes en Suecia. Cuando se analizan
datos estadísticos, estos son un promedio y las dispersiones en USA son
muchísimo más notorias.
Riqueza y su distribución en la sociedad.
Empezando por el Pbi per cápita
se puede ver que medido en dólares son similares pero cuando se los ajusta por
el poder adquisitivo es un 20% superior el de USA.
Esto es utilizado por defensores
del liberalismo económico, como por ejemplo Mario Vargas Llosa, para supuestamente
demostrar que la intervención del estado para distribuir el ingreso es
perjudicial, incluso para los más pobres.
El problema de esta visión es que
no tiene en cuenta justamente la distribución de esa riqueza. El coeficiente
gini de Usa casi duplica al Sueco, 0,45 contra 0,23 y cuando se toma la
distribución por quintiles se puede ver que el 20% más rico se lleva un 25% más
en USA.
Esto repercute en que, teniendo
un segundo quintil que se lleva una porción similar de la riqueza, el 60% más
pobre de Suecia tiene una participación en la riqueza un 28% superior a la de
sus pares norteamericanos.
Provocando que el Pbi per cápita del
3er quintil sea todavía un poquito superior en USA pero que el 4to quintil
Sueco tenga un Pbi per cápita ya superior, ergo sea más rico, y el del quinto
quintil, es decir del 20% más pobre, es casi un 40% superior.
Todo esto sin tener en cuenta que
para conseguir esta riqueza los norteamericanos trabajan en promedio un 11% más
horas por año. Por ende los suecos tienen más tiempo para el descanso y el
ocio. Esto, según la forma de ver la
vida de cada uno tiene distinta importancia, pero me permito inferir que la
mayoría de las personas valora este dato positivamente y prefiere tener que
trabajar menos horas. Si se ajustan los Pbi por la cantidad de horas, las
diferencias para el 60% más pobre se hacen más notorias a favor de Suecia.
Hay que poner en consideración
también las ventajas ya mencionadas con que cuenta Estados Unidos por su poder
imperial a la hora de generar riquezas. Por ejemplo Estados Unidos se permite
un déficit fiscal del 6,8% del Pbi que le sería mucho más difícil de sostener a
Suecia cuyo déficit es del 0,7%. De la misma forma tiene una deuda pública del
70% del Pbi contra una del 38%, casi el doble en términos relativos.
Impuestos y Gasto Público.
Como se menciona al principio, la
forma en que están configuradas estas economías es muy distinta. Suecia
sostiene una gran cantidad de beneficios sociales gracias a un sistema fiscal
progresivo que hace que cuanto más ingresos tiene una persona más impuestos
pague, llegando a una presión impositiva sobre el Pbi del 52 % que permite un
gasto público, tan demonizado por el relato dominante en los grandes medios,
del 51%.
Estados Unidos en cambio tiene un
sistema fiscal mucho menos progresivo, que lo fue durante varias décadas, pero
que viene perdiendo esa progresividad en los últimos 30 años provocando un
enorme aumento de las desigualdades sociales.
La presión impositiva es del 22%,
menos que la mitad de la sueca, pero que por esas ventajas mencionadas se
permite un gasto público del orden del 40% del Pbi.
La composición del gasto público es
bastante distinta en ambos países puesto que en el país nórdico sostiene
principalmente beneficios sociales universales como ser salud y educación de
calidad gratuita para todos los habitantes; subsidios por desempleo, pensiones,
jubilaciones y subsidios para estudiantes muy generosos.
En el país del norte de nuestro
continente en cambio el gasto en salud está bastante más privatizado, la
educación pública gratuita se enfoca principalmente en la escolarización
primaria y secundaria, muchas de las pensiones son privadas y muy relacionadas
con la situación económica de cada persona.
Pero por otro lado sostiene un
gasto militar del orden del 4,2% del Pbi, 3,5 veces superior al sueco en
términos relativos. También costea subsidios a la actividad agropecuaria por
cifras siderales que terminan en un alto porcentaje en las arcas de empresas
multinacionales como por ejemplo, Monsanto.
Esto muestra a un estado que
interviene activamente en la economía, puesto que es casi imposible encontrar
ejemplos de estados realmente liberales en el mundo, pero que lo hace con otros
objetivos.
Hay que destacar, que en términos
de participación del estado en la economía, los países latinoamericanos, sobre
todo en la década del 90, son los que más cerca llegaron a parecerse a estos
postulados.
Muchos liberales sostienen que el
problema es que nunca ningún estado llegó al ideal que ellos proponen y
justifican con argumentos razonables, pero indemostrables en la práctica y que
a mi juicio son inaplicables en el marco de una democracia, que la casi
desaparición de la intervención estatal nos llevaría al mejor de los mundos
posibles.
Se parecen en esto, a mi modesto
entender, a los socialistas que dicen que lo llevado a la práctica durante
muchísimas décadas en gran parte del mundo no fue realmente socialismo y que
por lo tanto hay que insistir con ese sistema.
Es importante mencionar que
Suecia llegó durante la década del 80 a tener una presión impositiva y un gasto
público todavía superior, lo que probablemente haya sido un exceso que han
venido corrigiendo en las últimas décadas sin por eso pasarse al otro extremo.
Salud.
Focalizando el análisis en el
gasto en salud, se puede ver que el total destinado a ese fin en Suecia es de
un 9,4% del Pbi siendo solo un 19% del mismo privado y dando como resultado una
inversión de U$S 5331 por persona.
Del otro lado se encuentra que el
gasto en salud es de 17,9%, un 54% del mismo es privado y resultando en una
inversión de U$S 8608 por persona.
Para analizar los resultados cada
uno puede poner el énfasis donde más le importa, en mi caso es en la justicia
social, puesto que es probable que para quien puede pagar un buen seguro de
salud, Estados Unidos cuente incluso con mejores hospitales y mejores
profesionales. Pero apuesto a que esa diferencia es casi insignificante
respecto de lo que puede pagar una persona de buen pasar económico en Suecia.
En cambio, para aquellos menos
afortunados en el reparto de la riqueza, los resultados son muy claros en
cuanto a donde están menos protegidos. Los suecos viven en promedio 2,66 años
más, una madre tiene 5 veces menos probabilidades de morir dando a luz y la chance
que un niño muera antes del año de vida es de la mitad.
Me cuesta encontrar argumentos
que justifiquen el modelo Norteamericano en este aspecto, a mi juicio uno de
los principales junto a la educación a la hora de analizar un país, que no se
basen en el egoísmo de quienes resultan favorecidos. Sobre todo teniendo en
cuenta que, como ya se mencionó, Estados Unidos gasta en salud el doble de
recursos.
Educación.
En el caso de la educación los
resultados son más difíciles de expresar en estadísticas. La inversión en este
rubro representa un 5,4% del Pbi en USA y un 7,3% en Suecia.
Hoy en día el examen PISA es el
más aceptado para medir y comparar los sistemas educativos de los distintos
países. Según los resultados de este examen ambos países están parejos, Estados
Unidos obtuvo resultados un 2% superiores en 2012.
Pero lo más notorio es que ambos
están bastante rezagados y ocupan los puestos 37 y 39. Si se observan los
primeros 25 puestos del ranking, se encuentran 8 países o regiones asiáticas,
10 países de Europa Occidental (con modelos de país más cercano a lo que es
Suecia, con la excepción de Irlanda), 4
países de Europa Oriental que pertenecían al bloque comunista, y completan la
lista Canadá, Australia y Nueva Zelanda que en principio se los puede
considerar un intermedio entro lo que es Suecia y lo que es Estados Unidos.
Todos estos resultados dan lugar a un análisis más extenso que también incluya
debatir que tan representativos son.
Si se mira el ranking de
universidades, 18 de las primeras 20 son norteamericanas y 330 de las mejores
800, mientras que Suecia tiene 17 entre las 800 y ninguna entre las mejores 50.
Obviamente el tamaño de la población de cada país tiene una gran influencia. También
sospecho simplemente por sentido común que estos ranking tienen un sesgo, no
digo que sea intencional, hacia las universidades anglosajonas, ya que luego de
Estados Unidos viene el Reino Unido con 65 y cuarto Canadá con 44 entre las
800.
No se puede soslayar el carácter
excluyente del sistema universitario norteamericano donde para entrar a las
mejores universidades hay que tener familiares en buena posición económica, ser
un genio en los estudios o el deporte, o endeudarse de por vida.
En cambio en Suecia las
universidades no solo son gratuitas sino que el estado le paga a cada
estudiante un generoso subsidio para que pueda estudiar sin la necesidad de
trabajar o en todo caso pudiéndolo hacer en jornada reducida o algunos meses
del año.
Más allá de los resultados, que
son discutibles porque es evidente que el sistema Sueco produce profesionales
lo suficientemente buenos para que su economía funcione bien, para muchos es
fundamental el hecho que la posibilidad de tener una profesión dependa lo menos
posible del entorno que a cada persona le toca en suerte.
Y está claro que una persona
nacida en el 20% más pobre de la sociedad, tiene muchas más posibilidades de
ser un buen profesional en el país nórdico.
Esto se podría extrapolar a la
entrada anterior y los modelos de Argentina y Chile, donde con todas las
enormes diferencias que existen, el nuestro tendería a parecerse más al sueco y
el chileno al norteamericano.
Desarrollo humano.
Para no quedarse con el Pbi per
cápita cómo índice de desarrollo desde hace unos años la ONU elabora el IDH
(índice de desarrollo humano) que toma en cuenta distintas variables, entre
ellas el Pbi per cápita, y le da un peso relativo determinado. Este índice, si
bien es mucho más representativo, sigue siendo una simplificación puesto que el
peso que se le asigne a cada variable influirá mucho sobre el resultado.
Así, en este ejemplo, Estados
Unidos aparece tercero en el ranking mundial con un IDH un 2,3% superior al de
Suecia que se encuentra séptima. Pero cuando se mira este mismo indicador
ajustado por desigualdad también por la ONU, Estados Unidos cae al puesto 16
con un índice un 4,6% inferior al sueco que se ubica en el tercer lugar del
ranking.
El objetivo de una sociedad
debería ser, al menos en mi opinión, maximizar el bienestar de sus integrantes
con la mayor justicia e igualdad de oportunidades posible. Si bien es
importante aumentar la riqueza hay un umbral a partir del cual esto es cada vez
menos importante y otras variables toman cada vez mayor relevancia.
Este es el caso de todos los
países “desarrollados”, que si bien siguen obsesionados con el crecimiento
económico ya han llegado a un lugar donde este no va a cambiar mucho la vida de
las personas.
Un tema aparte es que con
distintas herramientas se promueva una cultura de deseos infinitos que por
motivos inherentes al hombre cala muy hondo en muchas personas, tanto en esos
países como en el resto del mundo. Y que también con mecanismos económicos se
logre que muchos puestos de trabajo dependan, inclusive en estos países, del
crecimiento del Pbi.
Es por este motivo que, con todas
las salvedades hechas, esté índice, sobre todo el que está ajustado por
desigualdad, parezca ser el más representativo para hacer una comparación aunque
sea muy simplificada.
Si la meta es lograr el mayor
bienestar posible para todos los habitantes de un país, no puede pasar
desapercibido que la tasa de homicidios intencionales cada 100000 habitantes es
5 veces superior en Estados Unidos. Esta proporción es similar con casi
cualquier país europeo y teniendo en cuenta que en casi todos los países la
inseguridad es una de las mayores preocupaciones de la población marca una
clara desventaja en cuanto a bienestar entre un país y otro. Mucho más difícil
es medir la tasa de robos u otro tipo de delitos pero apostaría a que es mucho
menor también en el país escandinavo.
Consumismo
y destrucción del medio ambiente.
Es sabido que la cultura
consumista está extendida en casi toda la humanidad; solo algunas comunidades
aisladas logran escapar de esta lógica. Sin entrar a discutir que tan inherente
al hombre y que tan impuesta está dicha cultura creo que lo importante es
centrarse en las consecuencias de la misma.
Aceptando la premisa que para todos
los seres humanos, en mayor o menor medida, es gratificante consumir más allá
de lo estrictamente necesario, habría que focalizarse en el costo ambiental de
esos consumos.
Hoy en día se ve una conciencia
ecológica en constante crecimiento pero esta se queda generalmente en la
denuncia e indignación contra grandes desastres sin reflexionar sobre qué tan
sostenible es el modo de vida de cada uno.
Es aceptable que una persona que
tiene éxito en el sistema tenga algunos privilegios, probablemente sea una etapa
que la humanidad esté empezando a superar, pero hoy esto es aceptado puesto que
mucha gente necesita el incentivo de lograr privilegios de consumo para dar lo
mejor de sí en su trabajo.
Pero no me parece aceptable que
una persona tenga derecho a destruir más el planeta que otra; más cuando se
sabe que el daño causado por una persona de buenos ingresos es enormemente
mayor que el que causa una persona pobre que es generalmente la que primero
sufre las consecuencias de esa destrucción.
No hay ninguna duda que el
consumo per cápita que tienen los países “desarrollados” sería insostenible
para el planeta si este se extendiese a toda la humanidad. Es imposible esperar
que todos los países crezcan en su consumo hasta ese punto, el mundo se
acabaría en pocos años.
Pero se acabaría todavía mucho
más rápido si se toma como referencia el consumo per cápita en Estados Unidos
que utiliza un 32% más energía y emite más del triple de dióxido de carbono
(causante del calentamiento global) per cápita que Suecia cuya economía es un
10% más eficiente al relacionar la creación de riqueza con el consumo de
energía.
Si bien no cuento con las
estadísticas, no me caben dudas que un ciudadano de clase media puede comprar
muchas más cosas en Estados Unidos que en Suecia, pero considero que eso no
tiene influencia en el bienestar de la sociedad ya que un Sueco promedio puede
tener todo lo necesario y muchísimo más.
De hecho también los escandinavos
y sin dudas nosotros, los habitantes de clase media de Buenos Aires, tenemos una
forma de vida que destruye más al planeta que lo que este puede soportar; y
deberíamos reflexionar al respecto para tenerlo en cuenta a la hora de votar,
entendiendo que modelo de país y de sociedad propone cada político como también
que modelo de crecimiento y que relación con el planeta.
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