lunes, 17 de marzo de 2014

Los países serios.

“Hay que hacer como hacen los países serios”. Tanto los medios de comunicación como muchos políticos repiten esta frase o alguna parecida como solución a todos los problemas. Comentario que deja implícito que hay una receta única seguida por los países exitosos en los parámetros capitalistas. Al comparar Suecia y Estados Unidos, con estadísticas del banco mundial, queda claro que estos países pueden tener sus economías configuradas de formas muy distintas y con diferentes resultados sociales. Lo que demuestra que no hay una receta única y que incluso si lo que se quiere es copiar a los países exitosos conviene informarse para poder elegir qué tipo de éxito queremos para nuestro país.

¿Por qué comparar a Suecia con Estados Unidos?


Es muy común, tanto en los grandes medios de comunicación como en opiniones de personas de a pie, que se haga alusión a la necesidad de imitar a los países “desarrollados”. Más allá que habría que debatir que significa desarrollo y que imitar un modelo exitoso en otro país sin tener en cuenta las diferencias culturales y estructurales no tiene muchas posibilidades de éxito, mi intención con esta entrada es marcar que los países “desarrollados” tienen muchas diferencias entre sí. Por lo tanto esas afirmaciones deberían ser, en todo caso, más específicas en cuanto a que países se desea imitar.
Creo que la mayoría de las personas a las que les interesa la política saben de las enormes diferencias que hay entre la mayoría de los países de Europa Occidental y los Estados Unidos, pero no sé hasta qué punto todos ellos son conscientes de cuan diferentes son. Y considero que marcar bien estas diferencias es importante para aclarar un poco el debate político que generalmente se llena de consignas vacías de contenido que confunden a la mayoría de la población a la cual no le interesa profundizar en la política y la economía y mucho menos conocer las realidades de otros países.

Más allá de la intención de profundizar o no en esta materia me parece importante que cada persona sepa qué tipo de organización de la economía prefiere para nuestro país, les exija a los candidatos un claro posicionamiento y elija en consecuencia.
De lo contrario quedan expuestos al marketing político y terminan votando por la imagen que tienen de un político en particular en vez de elegir un conjunto de ideas de país representadas por determinado partido político o alianza aumentando así la influencia de los fondos que cada candidato tenga u obtenga y desvirtuando la democracia.
Luego esas personas se jactan de su descreimiento de la política con frases como “son todos iguales” sin hacer un mea culpa por no haber dedicado unos minutos de su vida a saber cuáles son las propuestas de cada candidato para poder diferenciarlos.

Si uno tiene aunque sea una idea general de lo que quiere y vota en consecuencia, esa idea no debería cambiar si el candidato o partido que las representa es corrupto, ineficiente o cuando llega el momento hace lo contrario a lo que propuso. En todo caso habría que cambiar de personas.
Claro está que con el tiempo una persona puede cambiar de parecer  pero lo importante es elegir de acuerdo a las convicciones y no por imágenes o sensaciones. Este vaciamiento beneficia al poder, tanto económico como político, que mancomunados o no, van a preferir perpetuar esta situación.
Un político que hace promesas de creación de determinada cantidad de empleos, de reducción de la inseguridad o cualquier resultado debería ser descartado por la población si esta es consciente de lo que quiere como país y solo vota a aquellos que proponen ciertos cursos de acción en pos de lograr esos objetivos a sabiendas que es imposible predecir los resultados.

Otro efecto del vaciamiento del debate político es que aquellas personas que si tienen claro su posicionamiento ideológico terminan siendo rehenes de ciertos políticos que  se presentan como los únicos defensores de esas ideas y los terminan votando a pesar de considerarlos corruptos o ineficientes por interpretar que  son la única posibilidad de mantener ese rumbo.
Por este motivo es imperiosamente necesario que el debate se clarifique y se escinda a las ideologías de las personas que las ejecutan. Por tener determinada ideología una persona no debe fanatizarse y convertirla en un dogma, considerando enemigos a los que piensan distinto. Estos extremos son utilizados, con bastante éxito, por el poder económico-mediático para demonizar las ideologías y la política,  sacándose de encima de esta forma a un posible contrapeso a su posición dominante.
Constantemente se escuchan discursos que rezan que no importa que ideología tenga un líder político o un partido, lo único importante es que sea honesto y eficiente en la gestión.
Considero que ese discurso se cae con esta comparación ya que se trata de dos países con sistemas políticos y económicos claramente más eficientes y menos corruptos que el nuestro y sin embargo con resultados completamente distintos, no en cuanto al nivel desarrollo material y de creación de riqueza, donde ambos se podrían considerar exitosos, sino en la forma en que distribuyen esa riqueza material y en el tipo de sociedad que resulta.

Como ya se mencionó, son enormes las diferencias entre Estados Unidos y muchos  de los países de Europa Occidental entre los cuales voy a elegir a Suecia por ser históricamente el ejemplo más conocido de estado que interviene en la distribución del ingreso, pero con matices sería casi lo mismo elegir a cualquiera de los otros países escandinavos y en menor medida a Francia o Alemania.
Claro está que comparar a un país que tiene más de 300 millones de habitantes y el cuarto territorio más grande del mundo con un país cerca de 21 veces más pequeño y con aproximadamente 10 millones de habitantes tiene muchas limitaciones, pero aun así creo que vale la pena el ejercicio.

En todo caso la desproporción en el tamaño y población acarrea ventajas y desventajas puesto que USA al ser tan grande tiene un poder imperial que le permite emitir la moneda que se utiliza en el mundo relajando así ciertos límites que tienen el resto de las economías, presionar y coaptar gobiernos de diversos países para obtener ventajas para sus productos y empresas y disponer en gran cantidad de casi todos los recursos naturales necesarios para el desarrollo.
Por otro lado tiene una población tan grande y heterogénea que es mucho más difícil conciliar los intereses de los distintos sectores en pos de un bien común haciendo que las diferencias regionales sean mucho más importantes que las existentes en Suecia. Cuando se analizan datos estadísticos, estos son un promedio y las dispersiones en USA son muchísimo más notorias.

Riqueza y su distribución en la sociedad.


Empezando por el Pbi per cápita se puede ver que medido en dólares son similares pero cuando se los ajusta por el poder adquisitivo es un 20% superior el de USA.
Esto es utilizado por defensores del liberalismo económico, como por ejemplo Mario Vargas Llosa, para supuestamente demostrar que la intervención del estado para distribuir el ingreso es perjudicial, incluso para los más pobres.
El problema de esta visión es que no tiene en cuenta justamente la distribución de esa riqueza. El coeficiente gini de Usa casi duplica al Sueco, 0,45 contra 0,23 y cuando se toma la distribución por quintiles se puede ver que el 20% más rico se lleva un 25% más en USA.
Esto repercute en que, teniendo un segundo quintil que se lleva una porción similar de la riqueza, el 60% más pobre de Suecia tiene una participación en la riqueza un 28% superior a la de sus pares norteamericanos.
Provocando que el Pbi per cápita del 3er quintil sea todavía un poquito superior en USA pero que el 4to quintil Sueco tenga un Pbi per cápita ya superior, ergo sea más rico, y el del quinto quintil, es decir del 20% más pobre, es casi un 40% superior.

Todo esto sin tener en cuenta que para conseguir esta riqueza los norteamericanos trabajan en promedio un 11% más horas por año. Por ende los suecos tienen más tiempo para el descanso y el ocio.  Esto, según la forma de ver la vida de cada uno tiene distinta importancia, pero me permito inferir que la mayoría de las personas valora este dato positivamente y prefiere tener que trabajar menos horas. Si se ajustan los Pbi por la cantidad de horas, las diferencias para el 60% más pobre se hacen más notorias a favor de Suecia.

Hay que poner en consideración también las ventajas ya mencionadas con que cuenta Estados Unidos por su poder imperial a la hora de generar riquezas. Por ejemplo Estados Unidos se permite un déficit fiscal del 6,8% del Pbi que le sería mucho más difícil de sostener a Suecia cuyo déficit es del 0,7%. De la misma forma tiene una deuda pública del 70% del Pbi contra una del 38%, casi el doble en términos relativos.

Impuestos y Gasto Público.


Como se menciona al principio, la forma en que están configuradas estas economías es muy distinta. Suecia sostiene una gran cantidad de beneficios sociales gracias a un sistema fiscal progresivo que hace que cuanto más ingresos tiene una persona más impuestos pague, llegando a una presión impositiva sobre el Pbi del 52 % que permite un gasto público, tan demonizado por el relato dominante en los grandes medios, del 51%.
Estados Unidos en cambio tiene un sistema fiscal mucho menos progresivo, que lo fue durante varias décadas, pero que viene perdiendo esa progresividad en los últimos 30 años provocando un enorme aumento de las desigualdades sociales.
La presión impositiva es del 22%, menos que la mitad de la sueca, pero que por esas ventajas mencionadas se permite un gasto público del orden del 40% del Pbi.

La composición del gasto público es bastante distinta en ambos países puesto que en el país nórdico sostiene principalmente beneficios sociales universales como ser salud y educación de calidad gratuita para todos los habitantes; subsidios por desempleo, pensiones, jubilaciones y subsidios para estudiantes muy generosos.
En el país del norte de nuestro continente en cambio el gasto en salud está bastante más privatizado, la educación pública gratuita se enfoca principalmente en la escolarización primaria y secundaria, muchas de las pensiones son privadas y muy relacionadas con la situación económica de cada persona.
Pero por otro lado sostiene un gasto militar del orden del 4,2% del Pbi, 3,5 veces superior al sueco en términos relativos. También costea subsidios a la actividad agropecuaria por cifras siderales que terminan en un alto porcentaje en las arcas de empresas multinacionales como por ejemplo, Monsanto.

Esto muestra a un estado que interviene activamente en la economía, puesto que es casi imposible encontrar ejemplos de estados realmente liberales en el mundo, pero que lo hace con otros objetivos.
Hay que destacar, que en términos de participación del estado en la economía, los países latinoamericanos, sobre todo en la década del 90, son los que más cerca llegaron a parecerse a estos postulados.
Muchos liberales sostienen que el problema es que nunca ningún estado llegó al ideal que ellos proponen y justifican con argumentos razonables, pero indemostrables en la práctica y que a mi juicio son inaplicables en el marco de una democracia, que la casi desaparición de la intervención estatal nos llevaría al mejor de los mundos posibles.
Se parecen en esto, a mi modesto entender, a los socialistas que dicen que lo llevado a la práctica durante muchísimas décadas en gran parte del mundo no fue realmente socialismo y que por lo tanto hay que insistir con ese sistema.

Es importante mencionar que Suecia llegó durante la década del 80 a tener una presión impositiva y un gasto público todavía superior, lo que probablemente haya sido un exceso que han venido corrigiendo en las últimas décadas sin por eso pasarse al otro extremo.

Salud.


Focalizando el análisis en el gasto en salud, se puede ver que el total destinado a ese fin en Suecia es de un 9,4% del Pbi siendo solo un 19% del mismo privado y dando como resultado una inversión de U$S 5331 por persona.
Del otro lado se encuentra que el gasto en salud es de 17,9%, un 54% del mismo es privado y resultando en una inversión de U$S 8608 por persona.

Para analizar los resultados cada uno puede poner el énfasis donde más le importa, en mi caso es en la justicia social, puesto que es probable que para quien puede pagar un buen seguro de salud, Estados Unidos cuente incluso con mejores hospitales y mejores profesionales. Pero apuesto a que esa diferencia es casi insignificante respecto de lo que puede pagar una persona de buen pasar económico en Suecia.
En cambio, para aquellos menos afortunados en el reparto de la riqueza, los resultados son muy claros en cuanto a donde están menos protegidos. Los suecos viven en promedio 2,66 años más, una madre tiene 5 veces menos probabilidades de morir dando a luz y la chance que un niño muera antes del año de vida es de la mitad.
Me cuesta encontrar argumentos que justifiquen el modelo Norteamericano en este aspecto, a mi juicio uno de los principales junto a la educación a la hora de analizar un país, que no se basen en el egoísmo de quienes resultan favorecidos. Sobre todo teniendo en cuenta que, como ya se mencionó, Estados Unidos gasta en salud el doble de recursos.

Educación.


En el caso de la educación los resultados son más difíciles de expresar en estadísticas. La inversión en este rubro representa un 5,4% del Pbi en USA y un 7,3% en Suecia.
Hoy en día el examen PISA es el más aceptado para medir y comparar los sistemas educativos de los distintos países. Según los resultados de este examen ambos países están parejos, Estados Unidos obtuvo resultados un 2% superiores en 2012.
Pero lo más notorio es que ambos están bastante rezagados y ocupan los puestos 37 y 39. Si se observan los primeros 25 puestos del ranking, se encuentran 8 países o regiones asiáticas, 10 países de Europa Occidental (con modelos de país más cercano a lo que es Suecia, con la excepción de Irlanda),  4 países de Europa Oriental que pertenecían al bloque comunista, y completan la lista Canadá, Australia y Nueva Zelanda que en principio se los puede considerar un intermedio entro lo que es Suecia y lo que es Estados Unidos. Todos estos resultados dan lugar a un análisis más extenso que también incluya debatir que tan representativos son.

Si se mira el ranking de universidades, 18 de las primeras 20 son norteamericanas y 330 de las mejores 800, mientras que Suecia tiene 17 entre las 800 y ninguna entre las mejores 50. Obviamente el tamaño de la población de cada país tiene una gran influencia. También sospecho simplemente por sentido común que estos ranking tienen un sesgo, no digo que sea intencional, hacia las universidades anglosajonas, ya que luego de Estados Unidos viene el Reino Unido con 65 y cuarto Canadá con 44 entre las 800.
No se puede soslayar el carácter excluyente del sistema universitario norteamericano donde para entrar a las mejores universidades hay que tener familiares en buena posición económica, ser un genio en los estudios o el deporte, o endeudarse de por vida.
En cambio en Suecia las universidades no solo son gratuitas sino que el estado le paga a cada estudiante un generoso subsidio para que pueda estudiar sin la necesidad de trabajar o en todo caso pudiéndolo hacer en jornada reducida o algunos meses del año.

Más allá de los resultados, que son discutibles porque es evidente que el sistema Sueco produce profesionales lo suficientemente buenos para que su economía funcione bien, para muchos es fundamental el hecho que la posibilidad de tener una profesión dependa lo menos posible del entorno que a cada persona le toca en suerte.
Y está claro que una persona nacida en el 20% más pobre de la sociedad, tiene muchas más posibilidades de ser un buen profesional en el país nórdico.

Esto se podría extrapolar a la entrada anterior y los modelos de Argentina y Chile, donde con todas las enormes diferencias que existen, el nuestro tendería a parecerse más al sueco y el chileno al norteamericano.

Desarrollo humano.


Para no quedarse con el Pbi per cápita cómo índice de desarrollo desde hace unos años la ONU elabora el IDH (índice de desarrollo humano) que toma en cuenta distintas variables, entre ellas el Pbi per cápita, y le da un peso relativo determinado. Este índice, si bien es mucho más representativo, sigue siendo una simplificación puesto que el peso que se le asigne a cada variable influirá mucho sobre el resultado.
Así, en este ejemplo, Estados Unidos aparece tercero en el ranking mundial con un IDH un 2,3% superior al de Suecia que se encuentra séptima. Pero cuando se mira este mismo indicador ajustado por desigualdad también por la ONU, Estados Unidos cae al puesto 16 con un índice un 4,6% inferior al sueco que se ubica en el tercer lugar del ranking.
El objetivo de una sociedad debería ser, al menos en mi opinión, maximizar el bienestar de sus integrantes con la mayor justicia e igualdad de oportunidades posible. Si bien es importante aumentar la riqueza hay un umbral a partir del cual esto es cada vez menos importante y otras variables toman cada vez mayor relevancia.

Este es el caso de todos los países “desarrollados”, que si bien siguen obsesionados con el crecimiento económico ya han llegado a un lugar donde este no va a cambiar mucho la vida de las personas.
Un tema aparte es que con distintas herramientas se promueva una cultura de deseos infinitos que por motivos inherentes al hombre cala muy hondo en muchas personas, tanto en esos países como en el resto del mundo. Y que también con mecanismos económicos se logre que muchos puestos de trabajo dependan, inclusive en estos países, del crecimiento del Pbi.
Es por este motivo que, con todas las salvedades hechas, esté índice, sobre todo el que está ajustado por desigualdad, parezca ser el más representativo para hacer una comparación aunque sea muy simplificada.

Si la meta es lograr el mayor bienestar posible para todos los habitantes de un país, no puede pasar desapercibido que la tasa de homicidios intencionales cada 100000 habitantes es 5 veces superior en Estados Unidos. Esta proporción es similar con casi cualquier país europeo y teniendo en cuenta que en casi todos los países la inseguridad es una de las mayores preocupaciones de la población marca una clara desventaja en cuanto a bienestar entre un país y otro. Mucho más difícil es medir la tasa de robos u otro tipo de delitos pero apostaría a que es mucho menor también en el país escandinavo.

Consumismo y destrucción del medio ambiente.

Es sabido que la cultura consumista está extendida en casi toda la humanidad; solo algunas comunidades aisladas logran escapar de esta lógica. Sin entrar a discutir que tan inherente al hombre y que tan impuesta está dicha cultura creo que lo importante es centrarse en las consecuencias de la misma.
Aceptando la premisa que para todos los seres humanos, en mayor o menor medida, es gratificante consumir más allá de lo estrictamente necesario, habría que focalizarse en el costo ambiental de esos consumos.
Hoy en día se ve una conciencia ecológica en constante crecimiento pero esta se queda generalmente en la denuncia e indignación contra grandes desastres sin reflexionar sobre qué tan sostenible es el modo de vida de cada uno.

Es aceptable que una persona que tiene éxito en el sistema tenga algunos privilegios, probablemente sea una etapa que la humanidad esté empezando a superar, pero hoy esto es aceptado puesto que mucha gente necesita el incentivo de lograr privilegios de consumo para dar lo mejor de sí en su trabajo.
Pero no me parece aceptable que una persona tenga derecho a destruir más el planeta que otra; más cuando se sabe que el daño causado por una persona de buenos ingresos es enormemente mayor que el que causa una persona pobre que es generalmente la que primero sufre las consecuencias de esa destrucción.

No hay ninguna duda que el consumo per cápita que tienen los países “desarrollados” sería insostenible para el planeta si este se extendiese a toda la humanidad. Es imposible esperar que todos los países crezcan en su consumo hasta ese punto, el mundo se acabaría en pocos años.
Pero se acabaría todavía mucho más rápido si se toma como referencia el consumo per cápita en Estados Unidos que utiliza un 32% más energía y emite más del triple de dióxido de carbono (causante del calentamiento global) per cápita que Suecia cuya economía es un 10% más eficiente al relacionar la creación de riqueza con el consumo de energía.
Si bien no cuento con las estadísticas, no me caben dudas que un ciudadano de clase media puede comprar muchas más cosas en Estados Unidos que en Suecia, pero considero que eso no tiene influencia en el bienestar de la sociedad ya que un Sueco promedio puede tener todo lo necesario y muchísimo más.


De hecho también los escandinavos y sin dudas nosotros, los habitantes de clase media de Buenos Aires, tenemos una forma de vida que destruye más al planeta que lo que este puede soportar; y deberíamos reflexionar al respecto para tenerlo en cuenta a la hora de votar, entendiendo que modelo de país y de sociedad propone cada político como también que modelo de crecimiento y que relación con el planeta. 

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