¿Es
Chile un milagro económico o un infierno de desigualdad? Intentaré, con la
menor subjetividad posible, analizarlo con datos estadísticos para ver que
tienen de cierto ambas miradas y que deberíamos aprender y que descartar del
modelo implementado en el país vecino en comparación con nuestro país.
Dos miradas irreconciliables sobre un mismo país.
El de Chile es, como todos
sabemos, un caso paradigmático. Aquellos que tienen una sensibilidad política
más volcada al capitalismo liberal tienden a ponerlo constantemente como el
ejemplo de lo que debe hacerse en nuestro país. Los grandes medios insisten
cada vez que pueden en las maravillas y bondades del modelo chileno de baja
participación estatal, pocos intentos redistributivos, producción volcada al
comercio exterior y estabilidad.
Recuerdo hace unos años, cuando
los 33 mineros fueron rescatados, Adrián Ventura, periodista de La Nación,
escribió un editorial haciendo un paralelismo entre la eficiencia del estado
chileno para rescatar a estas personas y el mal trato del estado Argentino para
con sus jubilados al negarse a pagarles el 82% móvil.
Movido por la curiosidad busqué
en diarios y sitios chilenos cuanto era la jubilación mínima en tan ejemplar
país que tan bien se ocupa de sus ciudadanos. Y encontré que en 2008, casi 30
años después de haber privatizado el sistema, el estado se comprometía a
completar el haber jubilatorio de alrededor del 50% de los jubilados que no
llegaban a la mínima según su cotización en el sistema de AFP (lo que nosotros
conocimos como AFJP).
“¡Eso sí que es un estado que se
preocupa por sus viejos!” pensé, pero en seguida mi maldita curiosidad me llevó
a averiguar cuanto era esa jubilación mínima y enorme fue mi desilusión al
saber que era de apenas U$S 150.
En aquel momento Argentina tenía
un solo precio para el dólar y la jubilación mínima era de U$S 260, es decir,
incluso superior a los U$S 250 que era la jubilación promedio en Chile en ese
entonces.
Este dato por sí solo no dice
mucho, pero con solo averiguar un poco era evidente que el costo de vida era
más bajo en Argentina, sobre todo teniendo en cuenta el precio de los servicios
públicos básicos.
Paralelamente leí un sinnúmero de
columnas de opinión de periodistas más
identificados con un capitalismo con alta injerencia estatal o directamente
marxistas y todos ellos concluían terminantemente que el modelo chileno era
injusto, salvaje y despiadado con los más humildes, no había nada que aprender
ahí y había que descartar cualquier opinión favorable de ese modelo.
Pasados los años, y ante mi
incomodidad con la forma maniquea en que se discute de política, me decidí a
investigar más profundamente sobre Chile, su historia y sobre todo los datos
estadísticos que me permitan formar mi opinión sobre ese modelo en comparación
con lo que sucede en nuestro país.
Para esto me voy a basar en datos
encontrados en internet, principalmente en estadísticas que el banco mundial y
la CIA publican en su página web e intentaré, lo más objetivamente posible,
comparar ambos países y sus modelos, para ver a que conclusión llego.
La mayoría de los datos son de
2010 ya que de los últimos años hay muchos datos que no están de ambos países
sumado a que ciertas medidas tomadas en Argentina a partir de 2011 hacen más
complicada la comparación.
El PBI y su evolución.
El primer dato que se toma para
analizar el nivel de desarrollo y la calidad de vida de un país es el PBI per
cápita. Está claro que este, por sí solo, no dice mucho sobre lo que pasa en un
país, pero da una idea.
Después de la intervención del Indec,
las estadísticas Argentinas están muy discutidas y por esto las páginas web
citadas no publican los datos de inflación y Pbi per cápita ajustado al poder
adquisitivo, o si lo hacen, es con datos de consultoras privadas.
Cabe decir, que las estadísticas
son muy discutibles en todos los países, como ya se verá con la medición de
pobreza que se hace en Chile, pero el caso Argentino se hizo demasiado
evidente. Hay que tener en cuenta también que en ambos casos este indicador
varía según la fuente que se tome, incluso para las mediciones de hace varias
décadas.
Tomando las mediciones del BM y
del FMI ambas coinciden que en términos de poder adquisitivo el Pbi per cápita
Argentino era entre un 70% y un 100% superior al chileno en 1980, entre un 15%
y un 20% superior en 1990, entre un 3% y un 6% inferior en el año 2000 y
similar en 2010 aunque el BM no publica esta medición y el FMI lo hace con
estadísticas propias al igual que la CIA.
Si se toma el Pbi per cápita en
dólares, según el BM eran similares en 1980, luego fue superior el Argentino
durante la década del 90 aunque la diferencia se fue reduciendo a fines de la
década para pasar a ser superior el Chileno a partir del 2002 y con crecimiento
similar a partir de ahí seguir siendo un 25% superior en 2010.
La distribución del ingreso, educación y salud.
Es fundamental para entender y
completar este dato ver cómo está distribuido ese ingreso. El indicador más
común para medir la desigualdad es el coeficiente Gini, y el mismo es 0,52 en
Chile y 0,46 en Argentina.
La primera conclusión al
respecto, y la más importante, es que ambos países son extremadamente
desiguales, sobre todo comparados a los países de Europa Occidental donde por
ejemplo Alemania tiene un coeficiente de 0,27 (cabe destacar que cuanto más se
acerca a 0 el Gini, más igualitario es un país).
Pero volviendo a la comparación
entre ambos se ve un poco menos de desigualdad en Argentina, cerca de un 14%
menos. Esto ya nos va a acercando a una de las primeras conclusiones, si es un
poco menos desigual, el ingreso de la mayoría es más alto en Argentina y sobre
todo los más pobres están mejor.
Bueno, ahí se empieza a complicar
el asunto. Porque si bien Argentina es menos desigual, cuando uno empieza a ver
la distribución del ingreso por quintiles, es decir, que porcentaje del PBI se
lleva cada 20% de la población, llama la atención que el 20% más pobre se lleva
un 4,3% en Chile y un 4,4% en Argentina, casi lo mismo y esta situación no
varía si lo que se busca es cuanto se lleva el 10% más pobre.
Esto, sumado a que Chile presenta
mejores indicadores de mortandad infantil, esperanza de vida, desnutrición o
mal nutrición infantil y otros, estaría mostrando que ese 20% más pobre no solo
se lleva la misma proporción del Pbi que en Argentina sino que de alguna manera
están mejor atendidos por el estado.
Esto no significa que en Chile se
invierta más que en Argentina, ya que es al revés y el gasto público en salud
como % del Pbi es del 4,92 % en Argentina contra el 3,5% en Chile y el gasto
total en educación es del 5,8% contra el 4,2%.
Esto se traduce, en indicadores
cada mil habitantes, en un poco más del doble de camas hospitalarias, un poco
más del triple de médicos, una menor proporción de alumnos por profesor y otros
indicadores que demuestran la mayor inversión por parte de Argentina aunque por
algún motivo con menores resultados.
A primera impresión daría la
sensación que el estado Chileno es mucho más eficiente, pero no cuento con los
conocimientos necesarios para determinar las causas reales sino que simplemente
analizo los datos. Una explicación de la menor eficiencia podría ser que
Argentina es un país mucho más grande, con más zonas alejadas, a las cuales es
más difícil llegar.
Pero la diferencia en los
resultados es bastante amplia, la mortandad infantil es un 44% mayor en
Argentina y el % de bebés con bajo peso al nacer un 20% más, con lo cual
supongo, desde mi ignorancia, que debe haber varias causas.
En el caso de la educación, los
resultados en la prueba PISA muestran a Chile un 9% por encima de nuestro país.
Es un error tomar los resultados de dicho examen como algo concluyente, pero
son el único indicador que tenemos y muestra que algo se está haciendo mejor en
el país vecino más allá de lo injusto
que nos pueda parecer a muchos su sistema educativo, especialmente en lo que a
educación universitaria se refiere.
Sobre todo teniendo en cuenta que
ambos presentan guarismos similares en cuanto a alfabetismo y porcentajes de la
población que termina los estudios primarios y secundarios.
Con lo expuesto hasta acá podría
entenderse que si bien nuestro país es un poco menos desigual eso no sirve de
mucho ya que aquellos que se encuentran en la base de la pirámide social y
quienes más necesitan de la asistencia social estarían peor que en el país
vecino.
Pero la menor desigualdad si se
ve reflejada si se analizan los % del ingreso que se llevan el resto de los
quintiles. Así, el 20% más rico de Chile se lleva un 57,7% contra un 49,4% de
sus pares Argentinos y esta diferencia es mayor si se toma el 10% más rico,
42,8% contra el 32,3%.
Esto provoca que el 60% del medio
de la pirámide, lo que podría llamarse la clase media, se lleve un 46% del
ingreso contra un 38% de nuestros pares Chilenos, es decir, un 20% más. Esta
diferencia se acentúa aún más si se estudia por separado el 3er quintil, o sea,
el que está bien en el medio, donde la diferencia es del 26% entre un país y
otro.
La pobreza y la credibilidad de las estadísticas.
Uno de los caballitos de batalla
preferidos de los grandes medios al poner como ejemplo al modelo chileno es que
la pobreza se redujo a porcentajes muy bajos, 15%, en los últimos 20 años.
Mientras tanto para medir la
pobreza en Argentina, descartan las estadísticas del Indec, y se basan en
estudios privados que calculan una pobreza de alrededor del 30%.
Lo que hablaría a las claras de
la superioridad del modelo chileno para eliminar la pobreza, y apoyaría la
teoría que dice que para reducir la pobreza lo peor que se puede hacer es
intentar distribuir la renta, puesto que esos intentos perjudican el
crecimiento económico, que es lo que realmente saca a la gente de esa
situación.
Pero la canasta básica con que se
mide la pobreza en Chile data de 1987 y hay bastante polémica en el país vecino
al respecto. Es decir, se descartan las estadísticas del Indec por ser falsas,
pero se toman al pie de la letra las estadísticas chilenas a pesar de ser
también materia de discusión.
Cuando uno investiga más sobre el
tema encuentra que esa canasta básica con que se mide la pobreza en Chile es de
U$S 138 por persona al mes. Al día de hoy es muy complicado y polémico comparar
estas cifras con las de nuestro país por haber dos tipos de cambio en constante
variación, pero está claro que con la energía y el transporte varias veces más
cara esa medición de pobreza es también bastante mentirosa y la pobreza en
Chile es bastante superior al 15%.
El banco mundial tiene además una
forma estandarizada para medir la pobreza en el mundo que al no tener en cuenta
los precios internos de cada país es todavía menos rigurosa. Miden el % de la
población que vive con menos de U$S 2 al día, un mínimo demasiado bajo para los
estándares de los dos países y que da como resultado una pobreza del 1,2% en
Chile y del 0,9% en Argentina.
El viento de cola y otros datos.
Luego hay muchas estadísticas en
las que ambos países presentan resultados similares como ser: % de población
urbana, desempleo, penetración de internet, acceso a la red eléctrica, consumo
de energía per cápita, gasto final de consumo en los hogares y varias más.
La tasa de homicidios
intencionales es un 57% más alta en nuestro país mostrando que el problema de
la violencia es mayor de este lado aunque hay que tener en cuenta que para los
promedios latinoamericanos ambas tasas son muy bajas.
Por otro lado, Argentina tiene un
poco más del triple de personas dedicadas a investigación y desarrollo cada
millón de personas, tiene un 34,6% de la población económicamente activa con un
nivel de estudios terciario contra un 26% en Chile, las exportaciones de
productos industriales representan proporcionalmente más del doble que las
chilenas y las de productos de alta tecnología son un 70% más altas (los dos
últimos calculados como porcentajes de las exportaciones totales).
Cabe destacar que así como se
habla de viento de cola en Argentina, este le sopla bastante más fuerte a
Chile, que vende al exterior principalmente productos primarios y especialmente
cobre, cuyo precio aumentó más que la soja en los últimos 10 años.
Como estos precios son muy
variables depende del momento que se tome puede cambiar mucho el cálculo, pero
se podría decir que el precio del cobre estuvo cerca de quintuplicarse mientras
que el de la soja estuvo cerca de triplicarse.
Hay que tener en cuenta que el
cobre tiene una influencia muy superior en la economía Chilena que la soja en
la economía Argentina.
Representa la mitad de las
exportaciones, la cuarta parte de la recaudación impositiva y alrededor del 10%
del Pbi mientras que la soja representa una cuarta parte de las exportaciones,
el 8% de la recaudación y el 5% del Pbi.
Estos guarismos son muy variables
ya que además de las variaciones de los precios hay que tener en cuenta los
factores climáticos que inciden en las cosechas, pero no dejan dudas respecto
de la importancia de estos comodities en cada economía.
Según las estadísticas del banco
mundial la economía chilena depende de las rentas obtenidas de los recursos
naturales en un 19% contra un 6% en nuestro caso pero hay que tener en cuenta
que en este cálculo no se tiene cuenta la producción agropecuaria.
Otro dato interesante es que
mientras en Chile las importaciones representan un 34% del Pbi y las
exportaciones una cifra similar, en Argentina la participación de las mismas es
del 17% y 20% respectivamente. Este dato puede ser tomado como positivo para
ambos países, unos hablarían de un país más integrado al mundo y otros de un
mercado interno más fuerte y una producción nacional más importante.
Pero esa mayor integración al
mundo se traduce en mayor dependencia de la exportación de productos primarios,
como ya vimos, lo cual hace a Chile mucho más vulnerable ante una baja del
precio de dichos productos.
Chile presenta mejores
indicadores en las estadísticas que hace el banco mundial sobre el estado de la
infraestructura, por ejemplo los puertos. El costo de importación y exportación
por contenedor es de la mitad o menos que nuestro país, lo cual es otra muestra de mayor eficiencia del otro
lado, algo que ya no tiene que ver con ideologías o modelos de país y que
habría que exigir que mejore.
También muestra mejores
resultados en todas las estadísticas enfocadas en los tiempos para hacer
distintos trámites con el estado como ser el registro de una nueva empresa o la
inscripción de una propiedad, datos que provocan una menor productividad de
nuestro lado.
Conclusión.
En conclusión podría decirse que en
la foto de 2010/2012 ambos países se encuentran en situaciones similares en
muchos indicadores aunque Chile se muestra más eficiente tanto en sus políticas
de atención de la pobreza como en su burocracia e infraestructura dedicada a
apoyar el desarrollo de la actividad económica.
Por su parte se puede ver que
Argentina es un país con una clase media con mayor participación en la riqueza
nacional, una industria un poco más desarrollada y una menor dependencia del
exterior.
Visto así se me hace difícil
considerar que Chile es un modelo tan exitoso como lo presentan algunos
sectores o que es esa sociedad infinitamente más injusta que presentan otros.
Fuera de los fríos datos empiezan a jugar su papel las ideologías y
preferencias de cada uno.
Chile es más estable y
predecible, permitiendo mayor planificación a largo plazo y una vida con
menores sobresaltos a quienes se dedican a los negocios.
Pero habría que pensar hasta qué
punto esa estabilidad es producto de la represión a los actores sociales, que
como se vio en los últimos años, recién ahora, con más de 20 años de
democracia, se están animando a salir a la calle a reclamar en contra de lo que
consideran injusto.
También es más fácil ser estable
cuando no se tocan los intereses de los más ricos puesto que cuando se los
perjudica tienen mucho poder para presionar al gobierno y a la sociedad. A
mayor desigualdad, mayor poder, y como ya vimos Chile es uno de los países más
desiguales del mundo.
Habría que ver como resuelve
Argentina los problemas de inflación y devaluación que está teniendo pero también al ver la
mayor dependencia Chilena con los precios de los comodities habría que ver qué
pasaría si estos continúan bajando.
En mi caso prefiero que se
intente el desarrollo económico combinándolo con distribución del ingreso. Que
una persona pueda estudiar una carrera universitaria sin necesidad de tener
padres ricos, una beca por ser un genio o endeudarse de por vida.
Que se hagan intentos de
desarrollar una industria para proveer empleos de calidad a una mayor cantidad
de personas y valoro el hecho que otras tantas se puedan dedicar a la
investigación y las ciencias.
Pero habría que intentar mejorar
la eficiencia en varias áreas y lograr una mayor estabilidad de las reglas de
juego para que esto se sostenga a largo plazo sin tener que pasar por crisis
que del otro lado de la cordillera logran evitar.
Creo que la respuesta está en
buscar lo mejor de cada modelo sin fanatizarse con ninguno para poder beneficiar
a la mayoría de la sociedad.
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