lunes, 17 de marzo de 2014

Chile, ¿un milagro o un infierno?

¿Es Chile un milagro económico o un infierno de desigualdad? Intentaré, con la menor subjetividad posible, analizarlo con datos estadísticos para ver que tienen de cierto ambas miradas y que deberíamos aprender y que descartar del modelo implementado en el país vecino en comparación con nuestro país.

Dos miradas irreconciliables sobre un mismo país.


El de Chile es, como todos sabemos, un caso paradigmático. Aquellos que tienen una sensibilidad política más volcada al capitalismo liberal tienden a ponerlo constantemente como el ejemplo de lo que debe hacerse en nuestro país. Los grandes medios insisten cada vez que pueden en las maravillas y bondades del modelo chileno de baja participación estatal, pocos intentos redistributivos, producción volcada al comercio exterior y estabilidad.

Recuerdo hace unos años, cuando los 33 mineros fueron rescatados, Adrián Ventura, periodista de La Nación, escribió un editorial haciendo un paralelismo entre la eficiencia del estado chileno para rescatar a estas personas y el mal trato del estado Argentino para con sus jubilados al negarse a pagarles el 82% móvil.
Movido por la curiosidad busqué en diarios y sitios chilenos cuanto era la jubilación mínima en tan ejemplar país que tan bien se ocupa de sus ciudadanos. Y encontré que en 2008, casi 30 años después de haber privatizado el sistema, el estado se comprometía a completar el haber jubilatorio de alrededor del 50% de los jubilados que no llegaban a la mínima según su cotización en el sistema de AFP (lo que nosotros conocimos como AFJP).
“¡Eso sí que es un estado que se preocupa por sus viejos!” pensé, pero en seguida mi maldita curiosidad me llevó a averiguar cuanto era esa jubilación mínima y enorme fue mi desilusión al saber que era de apenas U$S 150.

En aquel momento Argentina tenía un solo precio para el dólar y la jubilación mínima era de U$S 260, es decir, incluso superior a los U$S 250 que era la jubilación promedio en Chile en ese entonces.  
Este dato por sí solo no dice mucho, pero con solo averiguar un poco era evidente que el costo de vida era más bajo en Argentina, sobre todo teniendo en cuenta el precio de los servicios públicos básicos.
Paralelamente leí un sinnúmero de  columnas de opinión de periodistas más identificados con un capitalismo con alta injerencia estatal o directamente marxistas y todos ellos concluían terminantemente que el modelo chileno era injusto, salvaje y despiadado con los más humildes, no había nada que aprender ahí y había que descartar cualquier opinión favorable de ese modelo.

Pasados los años, y ante mi incomodidad con la forma maniquea en que se discute de política, me decidí a investigar más profundamente sobre Chile, su historia y sobre todo los datos estadísticos que me permitan formar mi opinión sobre ese modelo en comparación con lo que sucede en nuestro país.
Para esto me voy a basar en datos encontrados en internet, principalmente en estadísticas que el banco mundial y la CIA publican en su página web e intentaré, lo más objetivamente posible, comparar ambos países y sus modelos, para ver a que conclusión llego.
La mayoría de los datos son de 2010 ya que de los últimos años hay muchos datos que no están de ambos países sumado a que ciertas medidas tomadas en Argentina a partir de 2011 hacen más complicada la comparación.

El PBI y su evolución.


El primer dato que se toma para analizar el nivel de desarrollo y la calidad de vida de un país es el PBI per cápita. Está claro que este, por sí solo, no dice mucho sobre lo que pasa en un país, pero da una idea.
Después de la intervención del Indec, las estadísticas Argentinas están muy discutidas y por esto las páginas web citadas no publican los datos de inflación y Pbi per cápita ajustado al poder adquisitivo, o si lo hacen, es con datos de consultoras privadas.
Cabe decir, que las estadísticas son muy discutibles en todos los países, como ya se verá con la medición de pobreza que se hace en Chile, pero el caso Argentino se hizo demasiado evidente. Hay que tener en cuenta también que en ambos casos este indicador varía según la fuente que se tome, incluso para las mediciones de hace varias décadas.

Tomando las mediciones del BM y del FMI ambas coinciden que en términos de poder adquisitivo el Pbi per cápita Argentino era entre un 70% y un 100% superior al chileno en 1980, entre un 15% y un 20% superior en 1990, entre un 3% y un 6% inferior en el año 2000 y similar en 2010 aunque el BM no publica esta medición y el FMI lo hace con estadísticas propias al igual que la CIA.
Si se toma el Pbi per cápita en dólares, según el BM eran similares en 1980, luego fue superior el Argentino durante la década del 90 aunque la diferencia se fue reduciendo a fines de la década para pasar a ser superior el Chileno a partir del 2002 y con crecimiento similar a partir de ahí seguir siendo un 25% superior en 2010.

La distribución del ingreso, educación y salud.


Es fundamental para entender y completar este dato ver cómo está distribuido ese ingreso. El indicador más común para medir la desigualdad es el coeficiente Gini, y el mismo es 0,52 en Chile y 0,46 en Argentina.
La primera conclusión al respecto, y la más importante, es que ambos países son extremadamente desiguales, sobre todo comparados a los países de Europa Occidental donde por ejemplo Alemania tiene un coeficiente de 0,27 (cabe destacar que cuanto más se acerca a 0 el Gini, más igualitario es un país).
Pero volviendo a la comparación entre ambos se ve un poco menos de desigualdad en Argentina, cerca de un 14% menos. Esto ya nos va a acercando a una de las primeras conclusiones, si es un poco menos desigual, el ingreso de la mayoría es más alto en Argentina y sobre todo los más pobres están mejor.

Bueno, ahí se empieza a complicar el asunto. Porque si bien Argentina es menos desigual, cuando uno empieza a ver la distribución del ingreso por quintiles, es decir, que porcentaje del PBI se lleva cada 20% de la población, llama la atención que el 20% más pobre se lleva un 4,3% en Chile y un 4,4% en Argentina, casi lo mismo y esta situación no varía si lo que se busca es cuanto se lleva el 10% más pobre.
Esto, sumado a que Chile presenta mejores indicadores de mortandad infantil, esperanza de vida, desnutrición o mal nutrición infantil y otros, estaría mostrando que ese 20% más pobre no solo se lleva la misma proporción del Pbi que en Argentina sino que de alguna manera están mejor atendidos por el estado.

Esto no significa que en Chile se invierta más que en Argentina, ya que es al revés y el gasto público en salud como % del Pbi es del 4,92 % en Argentina contra el 3,5% en Chile y el gasto total en educación es del 5,8% contra el 4,2%.
Esto se traduce, en indicadores cada mil habitantes, en un poco más del doble de camas hospitalarias, un poco más del triple de médicos, una menor proporción de alumnos por profesor y otros indicadores que demuestran la mayor inversión por parte de Argentina aunque por algún motivo con menores resultados.
A primera impresión daría la sensación que el estado Chileno es mucho más eficiente, pero no cuento con los conocimientos necesarios para determinar las causas reales sino que simplemente analizo los datos. Una explicación de la menor eficiencia podría ser que Argentina es un país mucho más grande, con más zonas alejadas, a las cuales es más difícil llegar.
Pero la diferencia en los resultados es bastante amplia, la mortandad infantil es un 44% mayor en Argentina y el % de bebés con bajo peso al nacer un 20% más, con lo cual supongo, desde mi ignorancia, que debe haber varias causas.

En el caso de la educación, los resultados en la prueba PISA muestran a Chile un 9% por encima de nuestro país. Es un error tomar los resultados de dicho examen como algo concluyente, pero son el único indicador que tenemos y muestra que algo se está haciendo mejor en el  país vecino más allá de lo injusto que nos pueda parecer a muchos su sistema educativo, especialmente en lo que a educación universitaria se refiere.
Sobre todo teniendo en cuenta que ambos presentan guarismos similares en cuanto a alfabetismo y porcentajes de la población que termina los estudios primarios y secundarios.

Con lo expuesto hasta acá podría entenderse que si bien nuestro país es un poco menos desigual eso no sirve de mucho ya que aquellos que se encuentran en la base de la pirámide social y quienes más necesitan de la asistencia social estarían peor que en el país vecino.
Pero la menor desigualdad si se ve reflejada si se analizan los % del ingreso que se llevan el resto de los quintiles. Así, el 20% más rico de Chile se lleva un 57,7% contra un 49,4% de sus pares Argentinos y esta diferencia es mayor si se toma el 10% más rico, 42,8% contra el 32,3%.
Esto provoca que el 60% del medio de la pirámide, lo que podría llamarse la clase media, se lleve un 46% del ingreso contra un 38% de nuestros pares Chilenos, es decir, un 20% más. Esta diferencia se acentúa aún más si se estudia por separado el 3er quintil, o sea, el que está bien en el medio, donde la diferencia es del 26% entre un país y otro.

La pobreza y la credibilidad de las estadísticas.


Uno de los caballitos de batalla preferidos de los grandes medios al poner como ejemplo al modelo chileno es que la pobreza se redujo a porcentajes muy bajos, 15%, en los últimos 20 años.
Mientras tanto para medir la pobreza en Argentina, descartan las estadísticas del Indec, y se basan en estudios privados que calculan una pobreza de alrededor del 30%.
Lo que hablaría a las claras de la superioridad del modelo chileno para eliminar la pobreza, y apoyaría la teoría que dice que para reducir la pobreza lo peor que se puede hacer es intentar distribuir la renta, puesto que esos intentos perjudican el crecimiento económico, que es lo que realmente saca a la gente de esa situación.

Pero la canasta básica con que se mide la pobreza en Chile data de 1987 y hay bastante polémica en el país vecino al respecto. Es decir, se descartan las estadísticas del Indec por ser falsas, pero se toman al pie de la letra las estadísticas chilenas a pesar de ser también materia de discusión.
Cuando uno investiga más sobre el tema encuentra que esa canasta básica con que se mide la pobreza en Chile es de U$S 138 por persona al mes. Al día de hoy es muy complicado y polémico comparar estas cifras con las de nuestro país por haber dos tipos de cambio en constante variación, pero está claro que con la energía y el transporte varias veces más cara esa medición de pobreza es también bastante mentirosa y la pobreza en Chile es bastante superior al 15%.
El banco mundial tiene además una forma estandarizada para medir la pobreza en el mundo que al no tener en cuenta los precios internos de cada país es todavía menos rigurosa. Miden el % de la población que vive con menos de U$S 2 al día, un mínimo demasiado bajo para los estándares de los dos países y que da como resultado una pobreza del 1,2% en Chile y del 0,9% en Argentina.

El viento de cola y otros datos.


Luego hay muchas estadísticas en las que ambos países presentan resultados similares como ser: % de población urbana, desempleo, penetración de internet, acceso a la red eléctrica, consumo de energía per cápita, gasto final de consumo en los hogares y varias más.
La tasa de homicidios intencionales es un 57% más alta en nuestro país mostrando que el problema de la violencia es mayor de este lado aunque hay que tener en cuenta que para los promedios latinoamericanos ambas tasas son muy bajas.
Por otro lado, Argentina tiene un poco más del triple de personas dedicadas a investigación y desarrollo cada millón de personas, tiene un 34,6% de la población económicamente activa con un nivel de estudios terciario contra un 26% en Chile, las exportaciones de productos industriales representan proporcionalmente más del doble que las chilenas y las de productos de alta tecnología son un 70% más altas (los dos últimos calculados como porcentajes de las exportaciones totales).

Cabe destacar que así como se habla de viento de cola en Argentina, este le sopla bastante más fuerte a Chile, que vende al exterior principalmente productos primarios y especialmente cobre, cuyo precio aumentó más que la soja en los últimos 10 años.
Como estos precios son muy variables depende del momento que se tome puede cambiar mucho el cálculo, pero se podría decir que el precio del cobre estuvo cerca de quintuplicarse mientras que el de la soja estuvo cerca de triplicarse.
Hay que tener en cuenta que el cobre tiene una influencia muy superior en la economía Chilena que la soja en la economía Argentina.
Representa la mitad de las exportaciones, la cuarta parte de la recaudación impositiva y alrededor del 10% del Pbi mientras que la soja representa una cuarta parte de las exportaciones, el 8% de la recaudación y el 5% del Pbi.
Estos guarismos son muy variables ya que además de las variaciones de los precios hay que tener en cuenta los factores climáticos que inciden en las cosechas, pero no dejan dudas respecto de la importancia de estos comodities en cada economía.
Según las estadísticas del banco mundial la economía chilena depende de las rentas obtenidas de los recursos naturales en un 19% contra un 6% en nuestro caso pero hay que tener en cuenta que en este cálculo no se tiene cuenta la producción agropecuaria.

Otro dato interesante es que mientras en Chile las importaciones representan un 34% del Pbi y las exportaciones una cifra similar, en Argentina la participación de las mismas es del 17% y 20% respectivamente. Este dato puede ser tomado como positivo para ambos países, unos hablarían de un país más integrado al mundo y otros de un mercado interno más fuerte y una producción nacional más importante.
Pero esa mayor integración al mundo se traduce en mayor dependencia de la exportación de productos primarios, como ya vimos, lo cual hace a Chile mucho más vulnerable ante una baja del precio de dichos productos.

Chile presenta mejores indicadores en las estadísticas que hace el banco mundial sobre el estado de la infraestructura, por ejemplo los puertos. El costo de importación y exportación por contenedor es de la mitad o menos que nuestro país, lo cual  es otra muestra de mayor eficiencia del otro lado, algo que ya no tiene que ver con ideologías o modelos de país y que habría que exigir que mejore.
También muestra mejores resultados en todas las estadísticas enfocadas en los tiempos para hacer distintos trámites con el estado como ser el registro de una nueva empresa o la inscripción de una propiedad, datos que provocan una menor productividad de nuestro lado.

Conclusión.


En conclusión podría decirse que en la foto de 2010/2012 ambos países se encuentran en situaciones similares en muchos indicadores aunque Chile se muestra más eficiente tanto en sus políticas de atención de la pobreza como en su burocracia e infraestructura dedicada a apoyar el desarrollo de la actividad económica.
Por su parte se puede ver que Argentina es un país con una clase media con mayor participación en la riqueza nacional, una industria un poco más desarrollada y una menor dependencia del exterior.
Visto así se me hace difícil considerar que Chile es un modelo tan exitoso como lo presentan algunos sectores o que es esa sociedad infinitamente más injusta que presentan otros. Fuera de los fríos datos empiezan a jugar su papel las ideologías y preferencias de cada uno.

Chile es más estable y predecible, permitiendo mayor planificación a largo plazo y una vida con menores sobresaltos a quienes se dedican a los negocios.
Pero habría que pensar hasta qué punto esa estabilidad es producto de la represión a los actores sociales, que como se vio en los últimos años, recién ahora, con más de 20 años de democracia, se están animando a salir a la calle a reclamar en contra de lo que consideran injusto.
También es más fácil ser estable cuando no se tocan los intereses de los más ricos puesto que cuando se los perjudica tienen mucho poder para presionar al gobierno y a la sociedad. A mayor desigualdad, mayor poder, y como ya vimos Chile es uno de los países más desiguales del mundo.
Habría que ver como resuelve Argentina los problemas de inflación y devaluación  que está teniendo pero también al ver la mayor dependencia Chilena con los precios de los comodities habría que ver qué pasaría si estos continúan bajando.

En mi caso prefiero que se intente el desarrollo económico combinándolo con distribución del ingreso. Que una persona pueda estudiar una carrera universitaria sin necesidad de tener padres ricos, una beca por ser un genio o endeudarse de por vida.
Que se hagan intentos de desarrollar una industria para proveer empleos de calidad a una mayor cantidad de personas y valoro el hecho que otras tantas se puedan dedicar a la investigación y las ciencias.
Pero habría que intentar mejorar la eficiencia en varias áreas y lograr una mayor estabilidad de las reglas de juego para que esto se sostenga a largo plazo sin tener que pasar por crisis que del otro lado de la cordillera logran evitar.

Creo que la respuesta está en buscar lo mejor de cada modelo sin fanatizarse con ninguno para poder beneficiar a la mayoría de la sociedad.

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