lunes, 17 de marzo de 2014

Los países serios.

“Hay que hacer como hacen los países serios”. Tanto los medios de comunicación como muchos políticos repiten esta frase o alguna parecida como solución a todos los problemas. Comentario que deja implícito que hay una receta única seguida por los países exitosos en los parámetros capitalistas. Al comparar Suecia y Estados Unidos, con estadísticas del banco mundial, queda claro que estos países pueden tener sus economías configuradas de formas muy distintas y con diferentes resultados sociales. Lo que demuestra que no hay una receta única y que incluso si lo que se quiere es copiar a los países exitosos conviene informarse para poder elegir qué tipo de éxito queremos para nuestro país.

¿Por qué comparar a Suecia con Estados Unidos?


Es muy común, tanto en los grandes medios de comunicación como en opiniones de personas de a pie, que se haga alusión a la necesidad de imitar a los países “desarrollados”. Más allá que habría que debatir que significa desarrollo y que imitar un modelo exitoso en otro país sin tener en cuenta las diferencias culturales y estructurales no tiene muchas posibilidades de éxito, mi intención con esta entrada es marcar que los países “desarrollados” tienen muchas diferencias entre sí. Por lo tanto esas afirmaciones deberían ser, en todo caso, más específicas en cuanto a que países se desea imitar.
Creo que la mayoría de las personas a las que les interesa la política saben de las enormes diferencias que hay entre la mayoría de los países de Europa Occidental y los Estados Unidos, pero no sé hasta qué punto todos ellos son conscientes de cuan diferentes son. Y considero que marcar bien estas diferencias es importante para aclarar un poco el debate político que generalmente se llena de consignas vacías de contenido que confunden a la mayoría de la población a la cual no le interesa profundizar en la política y la economía y mucho menos conocer las realidades de otros países.

Más allá de la intención de profundizar o no en esta materia me parece importante que cada persona sepa qué tipo de organización de la economía prefiere para nuestro país, les exija a los candidatos un claro posicionamiento y elija en consecuencia.
De lo contrario quedan expuestos al marketing político y terminan votando por la imagen que tienen de un político en particular en vez de elegir un conjunto de ideas de país representadas por determinado partido político o alianza aumentando así la influencia de los fondos que cada candidato tenga u obtenga y desvirtuando la democracia.
Luego esas personas se jactan de su descreimiento de la política con frases como “son todos iguales” sin hacer un mea culpa por no haber dedicado unos minutos de su vida a saber cuáles son las propuestas de cada candidato para poder diferenciarlos.

Si uno tiene aunque sea una idea general de lo que quiere y vota en consecuencia, esa idea no debería cambiar si el candidato o partido que las representa es corrupto, ineficiente o cuando llega el momento hace lo contrario a lo que propuso. En todo caso habría que cambiar de personas.
Claro está que con el tiempo una persona puede cambiar de parecer  pero lo importante es elegir de acuerdo a las convicciones y no por imágenes o sensaciones. Este vaciamiento beneficia al poder, tanto económico como político, que mancomunados o no, van a preferir perpetuar esta situación.
Un político que hace promesas de creación de determinada cantidad de empleos, de reducción de la inseguridad o cualquier resultado debería ser descartado por la población si esta es consciente de lo que quiere como país y solo vota a aquellos que proponen ciertos cursos de acción en pos de lograr esos objetivos a sabiendas que es imposible predecir los resultados.

Otro efecto del vaciamiento del debate político es que aquellas personas que si tienen claro su posicionamiento ideológico terminan siendo rehenes de ciertos políticos que  se presentan como los únicos defensores de esas ideas y los terminan votando a pesar de considerarlos corruptos o ineficientes por interpretar que  son la única posibilidad de mantener ese rumbo.
Por este motivo es imperiosamente necesario que el debate se clarifique y se escinda a las ideologías de las personas que las ejecutan. Por tener determinada ideología una persona no debe fanatizarse y convertirla en un dogma, considerando enemigos a los que piensan distinto. Estos extremos son utilizados, con bastante éxito, por el poder económico-mediático para demonizar las ideologías y la política,  sacándose de encima de esta forma a un posible contrapeso a su posición dominante.
Constantemente se escuchan discursos que rezan que no importa que ideología tenga un líder político o un partido, lo único importante es que sea honesto y eficiente en la gestión.
Considero que ese discurso se cae con esta comparación ya que se trata de dos países con sistemas políticos y económicos claramente más eficientes y menos corruptos que el nuestro y sin embargo con resultados completamente distintos, no en cuanto al nivel desarrollo material y de creación de riqueza, donde ambos se podrían considerar exitosos, sino en la forma en que distribuyen esa riqueza material y en el tipo de sociedad que resulta.

Como ya se mencionó, son enormes las diferencias entre Estados Unidos y muchos  de los países de Europa Occidental entre los cuales voy a elegir a Suecia por ser históricamente el ejemplo más conocido de estado que interviene en la distribución del ingreso, pero con matices sería casi lo mismo elegir a cualquiera de los otros países escandinavos y en menor medida a Francia o Alemania.
Claro está que comparar a un país que tiene más de 300 millones de habitantes y el cuarto territorio más grande del mundo con un país cerca de 21 veces más pequeño y con aproximadamente 10 millones de habitantes tiene muchas limitaciones, pero aun así creo que vale la pena el ejercicio.

En todo caso la desproporción en el tamaño y población acarrea ventajas y desventajas puesto que USA al ser tan grande tiene un poder imperial que le permite emitir la moneda que se utiliza en el mundo relajando así ciertos límites que tienen el resto de las economías, presionar y coaptar gobiernos de diversos países para obtener ventajas para sus productos y empresas y disponer en gran cantidad de casi todos los recursos naturales necesarios para el desarrollo.
Por otro lado tiene una población tan grande y heterogénea que es mucho más difícil conciliar los intereses de los distintos sectores en pos de un bien común haciendo que las diferencias regionales sean mucho más importantes que las existentes en Suecia. Cuando se analizan datos estadísticos, estos son un promedio y las dispersiones en USA son muchísimo más notorias.

Riqueza y su distribución en la sociedad.


Empezando por el Pbi per cápita se puede ver que medido en dólares son similares pero cuando se los ajusta por el poder adquisitivo es un 20% superior el de USA.
Esto es utilizado por defensores del liberalismo económico, como por ejemplo Mario Vargas Llosa, para supuestamente demostrar que la intervención del estado para distribuir el ingreso es perjudicial, incluso para los más pobres.
El problema de esta visión es que no tiene en cuenta justamente la distribución de esa riqueza. El coeficiente gini de Usa casi duplica al Sueco, 0,45 contra 0,23 y cuando se toma la distribución por quintiles se puede ver que el 20% más rico se lleva un 25% más en USA.
Esto repercute en que, teniendo un segundo quintil que se lleva una porción similar de la riqueza, el 60% más pobre de Suecia tiene una participación en la riqueza un 28% superior a la de sus pares norteamericanos.
Provocando que el Pbi per cápita del 3er quintil sea todavía un poquito superior en USA pero que el 4to quintil Sueco tenga un Pbi per cápita ya superior, ergo sea más rico, y el del quinto quintil, es decir del 20% más pobre, es casi un 40% superior.

Todo esto sin tener en cuenta que para conseguir esta riqueza los norteamericanos trabajan en promedio un 11% más horas por año. Por ende los suecos tienen más tiempo para el descanso y el ocio.  Esto, según la forma de ver la vida de cada uno tiene distinta importancia, pero me permito inferir que la mayoría de las personas valora este dato positivamente y prefiere tener que trabajar menos horas. Si se ajustan los Pbi por la cantidad de horas, las diferencias para el 60% más pobre se hacen más notorias a favor de Suecia.

Hay que poner en consideración también las ventajas ya mencionadas con que cuenta Estados Unidos por su poder imperial a la hora de generar riquezas. Por ejemplo Estados Unidos se permite un déficit fiscal del 6,8% del Pbi que le sería mucho más difícil de sostener a Suecia cuyo déficit es del 0,7%. De la misma forma tiene una deuda pública del 70% del Pbi contra una del 38%, casi el doble en términos relativos.

Impuestos y Gasto Público.


Como se menciona al principio, la forma en que están configuradas estas economías es muy distinta. Suecia sostiene una gran cantidad de beneficios sociales gracias a un sistema fiscal progresivo que hace que cuanto más ingresos tiene una persona más impuestos pague, llegando a una presión impositiva sobre el Pbi del 52 % que permite un gasto público, tan demonizado por el relato dominante en los grandes medios, del 51%.
Estados Unidos en cambio tiene un sistema fiscal mucho menos progresivo, que lo fue durante varias décadas, pero que viene perdiendo esa progresividad en los últimos 30 años provocando un enorme aumento de las desigualdades sociales.
La presión impositiva es del 22%, menos que la mitad de la sueca, pero que por esas ventajas mencionadas se permite un gasto público del orden del 40% del Pbi.

La composición del gasto público es bastante distinta en ambos países puesto que en el país nórdico sostiene principalmente beneficios sociales universales como ser salud y educación de calidad gratuita para todos los habitantes; subsidios por desempleo, pensiones, jubilaciones y subsidios para estudiantes muy generosos.
En el país del norte de nuestro continente en cambio el gasto en salud está bastante más privatizado, la educación pública gratuita se enfoca principalmente en la escolarización primaria y secundaria, muchas de las pensiones son privadas y muy relacionadas con la situación económica de cada persona.
Pero por otro lado sostiene un gasto militar del orden del 4,2% del Pbi, 3,5 veces superior al sueco en términos relativos. También costea subsidios a la actividad agropecuaria por cifras siderales que terminan en un alto porcentaje en las arcas de empresas multinacionales como por ejemplo, Monsanto.

Esto muestra a un estado que interviene activamente en la economía, puesto que es casi imposible encontrar ejemplos de estados realmente liberales en el mundo, pero que lo hace con otros objetivos.
Hay que destacar, que en términos de participación del estado en la economía, los países latinoamericanos, sobre todo en la década del 90, son los que más cerca llegaron a parecerse a estos postulados.
Muchos liberales sostienen que el problema es que nunca ningún estado llegó al ideal que ellos proponen y justifican con argumentos razonables, pero indemostrables en la práctica y que a mi juicio son inaplicables en el marco de una democracia, que la casi desaparición de la intervención estatal nos llevaría al mejor de los mundos posibles.
Se parecen en esto, a mi modesto entender, a los socialistas que dicen que lo llevado a la práctica durante muchísimas décadas en gran parte del mundo no fue realmente socialismo y que por lo tanto hay que insistir con ese sistema.

Es importante mencionar que Suecia llegó durante la década del 80 a tener una presión impositiva y un gasto público todavía superior, lo que probablemente haya sido un exceso que han venido corrigiendo en las últimas décadas sin por eso pasarse al otro extremo.

Salud.


Focalizando el análisis en el gasto en salud, se puede ver que el total destinado a ese fin en Suecia es de un 9,4% del Pbi siendo solo un 19% del mismo privado y dando como resultado una inversión de U$S 5331 por persona.
Del otro lado se encuentra que el gasto en salud es de 17,9%, un 54% del mismo es privado y resultando en una inversión de U$S 8608 por persona.

Para analizar los resultados cada uno puede poner el énfasis donde más le importa, en mi caso es en la justicia social, puesto que es probable que para quien puede pagar un buen seguro de salud, Estados Unidos cuente incluso con mejores hospitales y mejores profesionales. Pero apuesto a que esa diferencia es casi insignificante respecto de lo que puede pagar una persona de buen pasar económico en Suecia.
En cambio, para aquellos menos afortunados en el reparto de la riqueza, los resultados son muy claros en cuanto a donde están menos protegidos. Los suecos viven en promedio 2,66 años más, una madre tiene 5 veces menos probabilidades de morir dando a luz y la chance que un niño muera antes del año de vida es de la mitad.
Me cuesta encontrar argumentos que justifiquen el modelo Norteamericano en este aspecto, a mi juicio uno de los principales junto a la educación a la hora de analizar un país, que no se basen en el egoísmo de quienes resultan favorecidos. Sobre todo teniendo en cuenta que, como ya se mencionó, Estados Unidos gasta en salud el doble de recursos.

Educación.


En el caso de la educación los resultados son más difíciles de expresar en estadísticas. La inversión en este rubro representa un 5,4% del Pbi en USA y un 7,3% en Suecia.
Hoy en día el examen PISA es el más aceptado para medir y comparar los sistemas educativos de los distintos países. Según los resultados de este examen ambos países están parejos, Estados Unidos obtuvo resultados un 2% superiores en 2012.
Pero lo más notorio es que ambos están bastante rezagados y ocupan los puestos 37 y 39. Si se observan los primeros 25 puestos del ranking, se encuentran 8 países o regiones asiáticas, 10 países de Europa Occidental (con modelos de país más cercano a lo que es Suecia, con la excepción de Irlanda),  4 países de Europa Oriental que pertenecían al bloque comunista, y completan la lista Canadá, Australia y Nueva Zelanda que en principio se los puede considerar un intermedio entro lo que es Suecia y lo que es Estados Unidos. Todos estos resultados dan lugar a un análisis más extenso que también incluya debatir que tan representativos son.

Si se mira el ranking de universidades, 18 de las primeras 20 son norteamericanas y 330 de las mejores 800, mientras que Suecia tiene 17 entre las 800 y ninguna entre las mejores 50. Obviamente el tamaño de la población de cada país tiene una gran influencia. También sospecho simplemente por sentido común que estos ranking tienen un sesgo, no digo que sea intencional, hacia las universidades anglosajonas, ya que luego de Estados Unidos viene el Reino Unido con 65 y cuarto Canadá con 44 entre las 800.
No se puede soslayar el carácter excluyente del sistema universitario norteamericano donde para entrar a las mejores universidades hay que tener familiares en buena posición económica, ser un genio en los estudios o el deporte, o endeudarse de por vida.
En cambio en Suecia las universidades no solo son gratuitas sino que el estado le paga a cada estudiante un generoso subsidio para que pueda estudiar sin la necesidad de trabajar o en todo caso pudiéndolo hacer en jornada reducida o algunos meses del año.

Más allá de los resultados, que son discutibles porque es evidente que el sistema Sueco produce profesionales lo suficientemente buenos para que su economía funcione bien, para muchos es fundamental el hecho que la posibilidad de tener una profesión dependa lo menos posible del entorno que a cada persona le toca en suerte.
Y está claro que una persona nacida en el 20% más pobre de la sociedad, tiene muchas más posibilidades de ser un buen profesional en el país nórdico.

Esto se podría extrapolar a la entrada anterior y los modelos de Argentina y Chile, donde con todas las enormes diferencias que existen, el nuestro tendería a parecerse más al sueco y el chileno al norteamericano.

Desarrollo humano.


Para no quedarse con el Pbi per cápita cómo índice de desarrollo desde hace unos años la ONU elabora el IDH (índice de desarrollo humano) que toma en cuenta distintas variables, entre ellas el Pbi per cápita, y le da un peso relativo determinado. Este índice, si bien es mucho más representativo, sigue siendo una simplificación puesto que el peso que se le asigne a cada variable influirá mucho sobre el resultado.
Así, en este ejemplo, Estados Unidos aparece tercero en el ranking mundial con un IDH un 2,3% superior al de Suecia que se encuentra séptima. Pero cuando se mira este mismo indicador ajustado por desigualdad también por la ONU, Estados Unidos cae al puesto 16 con un índice un 4,6% inferior al sueco que se ubica en el tercer lugar del ranking.
El objetivo de una sociedad debería ser, al menos en mi opinión, maximizar el bienestar de sus integrantes con la mayor justicia e igualdad de oportunidades posible. Si bien es importante aumentar la riqueza hay un umbral a partir del cual esto es cada vez menos importante y otras variables toman cada vez mayor relevancia.

Este es el caso de todos los países “desarrollados”, que si bien siguen obsesionados con el crecimiento económico ya han llegado a un lugar donde este no va a cambiar mucho la vida de las personas.
Un tema aparte es que con distintas herramientas se promueva una cultura de deseos infinitos que por motivos inherentes al hombre cala muy hondo en muchas personas, tanto en esos países como en el resto del mundo. Y que también con mecanismos económicos se logre que muchos puestos de trabajo dependan, inclusive en estos países, del crecimiento del Pbi.
Es por este motivo que, con todas las salvedades hechas, esté índice, sobre todo el que está ajustado por desigualdad, parezca ser el más representativo para hacer una comparación aunque sea muy simplificada.

Si la meta es lograr el mayor bienestar posible para todos los habitantes de un país, no puede pasar desapercibido que la tasa de homicidios intencionales cada 100000 habitantes es 5 veces superior en Estados Unidos. Esta proporción es similar con casi cualquier país europeo y teniendo en cuenta que en casi todos los países la inseguridad es una de las mayores preocupaciones de la población marca una clara desventaja en cuanto a bienestar entre un país y otro. Mucho más difícil es medir la tasa de robos u otro tipo de delitos pero apostaría a que es mucho menor también en el país escandinavo.

Consumismo y destrucción del medio ambiente.

Es sabido que la cultura consumista está extendida en casi toda la humanidad; solo algunas comunidades aisladas logran escapar de esta lógica. Sin entrar a discutir que tan inherente al hombre y que tan impuesta está dicha cultura creo que lo importante es centrarse en las consecuencias de la misma.
Aceptando la premisa que para todos los seres humanos, en mayor o menor medida, es gratificante consumir más allá de lo estrictamente necesario, habría que focalizarse en el costo ambiental de esos consumos.
Hoy en día se ve una conciencia ecológica en constante crecimiento pero esta se queda generalmente en la denuncia e indignación contra grandes desastres sin reflexionar sobre qué tan sostenible es el modo de vida de cada uno.

Es aceptable que una persona que tiene éxito en el sistema tenga algunos privilegios, probablemente sea una etapa que la humanidad esté empezando a superar, pero hoy esto es aceptado puesto que mucha gente necesita el incentivo de lograr privilegios de consumo para dar lo mejor de sí en su trabajo.
Pero no me parece aceptable que una persona tenga derecho a destruir más el planeta que otra; más cuando se sabe que el daño causado por una persona de buenos ingresos es enormemente mayor que el que causa una persona pobre que es generalmente la que primero sufre las consecuencias de esa destrucción.

No hay ninguna duda que el consumo per cápita que tienen los países “desarrollados” sería insostenible para el planeta si este se extendiese a toda la humanidad. Es imposible esperar que todos los países crezcan en su consumo hasta ese punto, el mundo se acabaría en pocos años.
Pero se acabaría todavía mucho más rápido si se toma como referencia el consumo per cápita en Estados Unidos que utiliza un 32% más energía y emite más del triple de dióxido de carbono (causante del calentamiento global) per cápita que Suecia cuya economía es un 10% más eficiente al relacionar la creación de riqueza con el consumo de energía.
Si bien no cuento con las estadísticas, no me caben dudas que un ciudadano de clase media puede comprar muchas más cosas en Estados Unidos que en Suecia, pero considero que eso no tiene influencia en el bienestar de la sociedad ya que un Sueco promedio puede tener todo lo necesario y muchísimo más.


De hecho también los escandinavos y sin dudas nosotros, los habitantes de clase media de Buenos Aires, tenemos una forma de vida que destruye más al planeta que lo que este puede soportar; y deberíamos reflexionar al respecto para tenerlo en cuenta a la hora de votar, entendiendo que modelo de país y de sociedad propone cada político como también que modelo de crecimiento y que relación con el planeta. 

Chile, ¿un milagro o un infierno?

¿Es Chile un milagro económico o un infierno de desigualdad? Intentaré, con la menor subjetividad posible, analizarlo con datos estadísticos para ver que tienen de cierto ambas miradas y que deberíamos aprender y que descartar del modelo implementado en el país vecino en comparación con nuestro país.

Dos miradas irreconciliables sobre un mismo país.


El de Chile es, como todos sabemos, un caso paradigmático. Aquellos que tienen una sensibilidad política más volcada al capitalismo liberal tienden a ponerlo constantemente como el ejemplo de lo que debe hacerse en nuestro país. Los grandes medios insisten cada vez que pueden en las maravillas y bondades del modelo chileno de baja participación estatal, pocos intentos redistributivos, producción volcada al comercio exterior y estabilidad.

Recuerdo hace unos años, cuando los 33 mineros fueron rescatados, Adrián Ventura, periodista de La Nación, escribió un editorial haciendo un paralelismo entre la eficiencia del estado chileno para rescatar a estas personas y el mal trato del estado Argentino para con sus jubilados al negarse a pagarles el 82% móvil.
Movido por la curiosidad busqué en diarios y sitios chilenos cuanto era la jubilación mínima en tan ejemplar país que tan bien se ocupa de sus ciudadanos. Y encontré que en 2008, casi 30 años después de haber privatizado el sistema, el estado se comprometía a completar el haber jubilatorio de alrededor del 50% de los jubilados que no llegaban a la mínima según su cotización en el sistema de AFP (lo que nosotros conocimos como AFJP).
“¡Eso sí que es un estado que se preocupa por sus viejos!” pensé, pero en seguida mi maldita curiosidad me llevó a averiguar cuanto era esa jubilación mínima y enorme fue mi desilusión al saber que era de apenas U$S 150.

En aquel momento Argentina tenía un solo precio para el dólar y la jubilación mínima era de U$S 260, es decir, incluso superior a los U$S 250 que era la jubilación promedio en Chile en ese entonces.  
Este dato por sí solo no dice mucho, pero con solo averiguar un poco era evidente que el costo de vida era más bajo en Argentina, sobre todo teniendo en cuenta el precio de los servicios públicos básicos.
Paralelamente leí un sinnúmero de  columnas de opinión de periodistas más identificados con un capitalismo con alta injerencia estatal o directamente marxistas y todos ellos concluían terminantemente que el modelo chileno era injusto, salvaje y despiadado con los más humildes, no había nada que aprender ahí y había que descartar cualquier opinión favorable de ese modelo.

Pasados los años, y ante mi incomodidad con la forma maniquea en que se discute de política, me decidí a investigar más profundamente sobre Chile, su historia y sobre todo los datos estadísticos que me permitan formar mi opinión sobre ese modelo en comparación con lo que sucede en nuestro país.
Para esto me voy a basar en datos encontrados en internet, principalmente en estadísticas que el banco mundial y la CIA publican en su página web e intentaré, lo más objetivamente posible, comparar ambos países y sus modelos, para ver a que conclusión llego.
La mayoría de los datos son de 2010 ya que de los últimos años hay muchos datos que no están de ambos países sumado a que ciertas medidas tomadas en Argentina a partir de 2011 hacen más complicada la comparación.

El PBI y su evolución.


El primer dato que se toma para analizar el nivel de desarrollo y la calidad de vida de un país es el PBI per cápita. Está claro que este, por sí solo, no dice mucho sobre lo que pasa en un país, pero da una idea.
Después de la intervención del Indec, las estadísticas Argentinas están muy discutidas y por esto las páginas web citadas no publican los datos de inflación y Pbi per cápita ajustado al poder adquisitivo, o si lo hacen, es con datos de consultoras privadas.
Cabe decir, que las estadísticas son muy discutibles en todos los países, como ya se verá con la medición de pobreza que se hace en Chile, pero el caso Argentino se hizo demasiado evidente. Hay que tener en cuenta también que en ambos casos este indicador varía según la fuente que se tome, incluso para las mediciones de hace varias décadas.

Tomando las mediciones del BM y del FMI ambas coinciden que en términos de poder adquisitivo el Pbi per cápita Argentino era entre un 70% y un 100% superior al chileno en 1980, entre un 15% y un 20% superior en 1990, entre un 3% y un 6% inferior en el año 2000 y similar en 2010 aunque el BM no publica esta medición y el FMI lo hace con estadísticas propias al igual que la CIA.
Si se toma el Pbi per cápita en dólares, según el BM eran similares en 1980, luego fue superior el Argentino durante la década del 90 aunque la diferencia se fue reduciendo a fines de la década para pasar a ser superior el Chileno a partir del 2002 y con crecimiento similar a partir de ahí seguir siendo un 25% superior en 2010.

La distribución del ingreso, educación y salud.


Es fundamental para entender y completar este dato ver cómo está distribuido ese ingreso. El indicador más común para medir la desigualdad es el coeficiente Gini, y el mismo es 0,52 en Chile y 0,46 en Argentina.
La primera conclusión al respecto, y la más importante, es que ambos países son extremadamente desiguales, sobre todo comparados a los países de Europa Occidental donde por ejemplo Alemania tiene un coeficiente de 0,27 (cabe destacar que cuanto más se acerca a 0 el Gini, más igualitario es un país).
Pero volviendo a la comparación entre ambos se ve un poco menos de desigualdad en Argentina, cerca de un 14% menos. Esto ya nos va a acercando a una de las primeras conclusiones, si es un poco menos desigual, el ingreso de la mayoría es más alto en Argentina y sobre todo los más pobres están mejor.

Bueno, ahí se empieza a complicar el asunto. Porque si bien Argentina es menos desigual, cuando uno empieza a ver la distribución del ingreso por quintiles, es decir, que porcentaje del PBI se lleva cada 20% de la población, llama la atención que el 20% más pobre se lleva un 4,3% en Chile y un 4,4% en Argentina, casi lo mismo y esta situación no varía si lo que se busca es cuanto se lleva el 10% más pobre.
Esto, sumado a que Chile presenta mejores indicadores de mortandad infantil, esperanza de vida, desnutrición o mal nutrición infantil y otros, estaría mostrando que ese 20% más pobre no solo se lleva la misma proporción del Pbi que en Argentina sino que de alguna manera están mejor atendidos por el estado.

Esto no significa que en Chile se invierta más que en Argentina, ya que es al revés y el gasto público en salud como % del Pbi es del 4,92 % en Argentina contra el 3,5% en Chile y el gasto total en educación es del 5,8% contra el 4,2%.
Esto se traduce, en indicadores cada mil habitantes, en un poco más del doble de camas hospitalarias, un poco más del triple de médicos, una menor proporción de alumnos por profesor y otros indicadores que demuestran la mayor inversión por parte de Argentina aunque por algún motivo con menores resultados.
A primera impresión daría la sensación que el estado Chileno es mucho más eficiente, pero no cuento con los conocimientos necesarios para determinar las causas reales sino que simplemente analizo los datos. Una explicación de la menor eficiencia podría ser que Argentina es un país mucho más grande, con más zonas alejadas, a las cuales es más difícil llegar.
Pero la diferencia en los resultados es bastante amplia, la mortandad infantil es un 44% mayor en Argentina y el % de bebés con bajo peso al nacer un 20% más, con lo cual supongo, desde mi ignorancia, que debe haber varias causas.

En el caso de la educación, los resultados en la prueba PISA muestran a Chile un 9% por encima de nuestro país. Es un error tomar los resultados de dicho examen como algo concluyente, pero son el único indicador que tenemos y muestra que algo se está haciendo mejor en el  país vecino más allá de lo injusto que nos pueda parecer a muchos su sistema educativo, especialmente en lo que a educación universitaria se refiere.
Sobre todo teniendo en cuenta que ambos presentan guarismos similares en cuanto a alfabetismo y porcentajes de la población que termina los estudios primarios y secundarios.

Con lo expuesto hasta acá podría entenderse que si bien nuestro país es un poco menos desigual eso no sirve de mucho ya que aquellos que se encuentran en la base de la pirámide social y quienes más necesitan de la asistencia social estarían peor que en el país vecino.
Pero la menor desigualdad si se ve reflejada si se analizan los % del ingreso que se llevan el resto de los quintiles. Así, el 20% más rico de Chile se lleva un 57,7% contra un 49,4% de sus pares Argentinos y esta diferencia es mayor si se toma el 10% más rico, 42,8% contra el 32,3%.
Esto provoca que el 60% del medio de la pirámide, lo que podría llamarse la clase media, se lleve un 46% del ingreso contra un 38% de nuestros pares Chilenos, es decir, un 20% más. Esta diferencia se acentúa aún más si se estudia por separado el 3er quintil, o sea, el que está bien en el medio, donde la diferencia es del 26% entre un país y otro.

La pobreza y la credibilidad de las estadísticas.


Uno de los caballitos de batalla preferidos de los grandes medios al poner como ejemplo al modelo chileno es que la pobreza se redujo a porcentajes muy bajos, 15%, en los últimos 20 años.
Mientras tanto para medir la pobreza en Argentina, descartan las estadísticas del Indec, y se basan en estudios privados que calculan una pobreza de alrededor del 30%.
Lo que hablaría a las claras de la superioridad del modelo chileno para eliminar la pobreza, y apoyaría la teoría que dice que para reducir la pobreza lo peor que se puede hacer es intentar distribuir la renta, puesto que esos intentos perjudican el crecimiento económico, que es lo que realmente saca a la gente de esa situación.

Pero la canasta básica con que se mide la pobreza en Chile data de 1987 y hay bastante polémica en el país vecino al respecto. Es decir, se descartan las estadísticas del Indec por ser falsas, pero se toman al pie de la letra las estadísticas chilenas a pesar de ser también materia de discusión.
Cuando uno investiga más sobre el tema encuentra que esa canasta básica con que se mide la pobreza en Chile es de U$S 138 por persona al mes. Al día de hoy es muy complicado y polémico comparar estas cifras con las de nuestro país por haber dos tipos de cambio en constante variación, pero está claro que con la energía y el transporte varias veces más cara esa medición de pobreza es también bastante mentirosa y la pobreza en Chile es bastante superior al 15%.
El banco mundial tiene además una forma estandarizada para medir la pobreza en el mundo que al no tener en cuenta los precios internos de cada país es todavía menos rigurosa. Miden el % de la población que vive con menos de U$S 2 al día, un mínimo demasiado bajo para los estándares de los dos países y que da como resultado una pobreza del 1,2% en Chile y del 0,9% en Argentina.

El viento de cola y otros datos.


Luego hay muchas estadísticas en las que ambos países presentan resultados similares como ser: % de población urbana, desempleo, penetración de internet, acceso a la red eléctrica, consumo de energía per cápita, gasto final de consumo en los hogares y varias más.
La tasa de homicidios intencionales es un 57% más alta en nuestro país mostrando que el problema de la violencia es mayor de este lado aunque hay que tener en cuenta que para los promedios latinoamericanos ambas tasas son muy bajas.
Por otro lado, Argentina tiene un poco más del triple de personas dedicadas a investigación y desarrollo cada millón de personas, tiene un 34,6% de la población económicamente activa con un nivel de estudios terciario contra un 26% en Chile, las exportaciones de productos industriales representan proporcionalmente más del doble que las chilenas y las de productos de alta tecnología son un 70% más altas (los dos últimos calculados como porcentajes de las exportaciones totales).

Cabe destacar que así como se habla de viento de cola en Argentina, este le sopla bastante más fuerte a Chile, que vende al exterior principalmente productos primarios y especialmente cobre, cuyo precio aumentó más que la soja en los últimos 10 años.
Como estos precios son muy variables depende del momento que se tome puede cambiar mucho el cálculo, pero se podría decir que el precio del cobre estuvo cerca de quintuplicarse mientras que el de la soja estuvo cerca de triplicarse.
Hay que tener en cuenta que el cobre tiene una influencia muy superior en la economía Chilena que la soja en la economía Argentina.
Representa la mitad de las exportaciones, la cuarta parte de la recaudación impositiva y alrededor del 10% del Pbi mientras que la soja representa una cuarta parte de las exportaciones, el 8% de la recaudación y el 5% del Pbi.
Estos guarismos son muy variables ya que además de las variaciones de los precios hay que tener en cuenta los factores climáticos que inciden en las cosechas, pero no dejan dudas respecto de la importancia de estos comodities en cada economía.
Según las estadísticas del banco mundial la economía chilena depende de las rentas obtenidas de los recursos naturales en un 19% contra un 6% en nuestro caso pero hay que tener en cuenta que en este cálculo no se tiene cuenta la producción agropecuaria.

Otro dato interesante es que mientras en Chile las importaciones representan un 34% del Pbi y las exportaciones una cifra similar, en Argentina la participación de las mismas es del 17% y 20% respectivamente. Este dato puede ser tomado como positivo para ambos países, unos hablarían de un país más integrado al mundo y otros de un mercado interno más fuerte y una producción nacional más importante.
Pero esa mayor integración al mundo se traduce en mayor dependencia de la exportación de productos primarios, como ya vimos, lo cual hace a Chile mucho más vulnerable ante una baja del precio de dichos productos.

Chile presenta mejores indicadores en las estadísticas que hace el banco mundial sobre el estado de la infraestructura, por ejemplo los puertos. El costo de importación y exportación por contenedor es de la mitad o menos que nuestro país, lo cual  es otra muestra de mayor eficiencia del otro lado, algo que ya no tiene que ver con ideologías o modelos de país y que habría que exigir que mejore.
También muestra mejores resultados en todas las estadísticas enfocadas en los tiempos para hacer distintos trámites con el estado como ser el registro de una nueva empresa o la inscripción de una propiedad, datos que provocan una menor productividad de nuestro lado.

Conclusión.


En conclusión podría decirse que en la foto de 2010/2012 ambos países se encuentran en situaciones similares en muchos indicadores aunque Chile se muestra más eficiente tanto en sus políticas de atención de la pobreza como en su burocracia e infraestructura dedicada a apoyar el desarrollo de la actividad económica.
Por su parte se puede ver que Argentina es un país con una clase media con mayor participación en la riqueza nacional, una industria un poco más desarrollada y una menor dependencia del exterior.
Visto así se me hace difícil considerar que Chile es un modelo tan exitoso como lo presentan algunos sectores o que es esa sociedad infinitamente más injusta que presentan otros. Fuera de los fríos datos empiezan a jugar su papel las ideologías y preferencias de cada uno.

Chile es más estable y predecible, permitiendo mayor planificación a largo plazo y una vida con menores sobresaltos a quienes se dedican a los negocios.
Pero habría que pensar hasta qué punto esa estabilidad es producto de la represión a los actores sociales, que como se vio en los últimos años, recién ahora, con más de 20 años de democracia, se están animando a salir a la calle a reclamar en contra de lo que consideran injusto.
También es más fácil ser estable cuando no se tocan los intereses de los más ricos puesto que cuando se los perjudica tienen mucho poder para presionar al gobierno y a la sociedad. A mayor desigualdad, mayor poder, y como ya vimos Chile es uno de los países más desiguales del mundo.
Habría que ver como resuelve Argentina los problemas de inflación y devaluación  que está teniendo pero también al ver la mayor dependencia Chilena con los precios de los comodities habría que ver qué pasaría si estos continúan bajando.

En mi caso prefiero que se intente el desarrollo económico combinándolo con distribución del ingreso. Que una persona pueda estudiar una carrera universitaria sin necesidad de tener padres ricos, una beca por ser un genio o endeudarse de por vida.
Que se hagan intentos de desarrollar una industria para proveer empleos de calidad a una mayor cantidad de personas y valoro el hecho que otras tantas se puedan dedicar a la investigación y las ciencias.
Pero habría que intentar mejorar la eficiencia en varias áreas y lograr una mayor estabilidad de las reglas de juego para que esto se sostenga a largo plazo sin tener que pasar por crisis que del otro lado de la cordillera logran evitar.

Creo que la respuesta está en buscar lo mejor de cada modelo sin fanatizarse con ninguno para poder beneficiar a la mayoría de la sociedad.

Presentación.


Quién soy y porque escribo.


Soy un porteño de clase media que, por influencia del entorno y por mi forma de ser, a los 18 años decidí estudiar Marketing y cuando comencé a votar elegía opciones de Centro-derecha. Años después tuve la enorme oportunidad de estudiar un cuatrimestre en Finlandia donde pude ver que había un término medio entre el Capitalismo y el Comunismo, que no lograba una sociedad perfecta, ni estaba cerca, pero que funcionaba bastante bien. A partir de esa experiencia fui pasando a preferir opciones de centro-izquierda.
Terminé mi carrera en 2002 y obviamente se me hizo muy difícil conseguir trabajo, sobre todo en lo que había estudiado. Tuve la posibilidad de trabajar en administración de empresas y llegar a tener un buen sueldo y posibilidades de seguir mejorándolo pero que al mismo tiempo me exigía muchas horas de mi vida sometido a un alto nivel de stress.
Hasta que me cansé, renuncié, me fui de mochilero 7 meses por centro-américa y aquí estoy viendo que puedo hacer para sacarle un poco de jugo a este sistema sin que este me exprima a mí.  Calculo que no voy a tener problema en encontrar ese equilibrio que estoy buscando aprovechando mis conocimientos, contactos y la ventaja de tener limitadas ambiciones materiales.

Pero soy consciente que la mayoría de mis compatriotas y seres humanos en general no tienen estas oportunidades ni nada que se le parezca. Esta injusticia me duele porque la considero absolutamente innecesaria, más hoy en día donde la producción de los bienes que necesitamos es llevada a cabo principalmente por máquinas.
Aun así, por la forma en que nos organizamos y por la ambición de poder de las elites económicas y políticas, la desigualdad no para de aumentar y gran parte de la población mundial permanece excluida mientras otra parte bastante menor consume desmedidamente destruyendo el planeta sin importarle el presente de los demás ni las próximas generaciones.

A partir del comienzo de la era Kirchnerista, como les pasó a muchos otros Argentinos, mi interés por la política comenzó a aumentar. Pero a medida que fueron pasando los años me fui sintiendo cada vez más incómodo con la forma en que se debate de política en el país y con los relatos que tratan de vendernos tanto los medios cercanos al gobierno como los grandes medios tradicionales. Sobre todo a partir de la crisis por la resolución 125 y la conversión de Clarín en opositor.
Todos estos años traté de leer ambas campanas tanto a nivel nacional como internacional además de una enorme cantidad de blogs y opiniones de todas las corrientes ideológicas, marxistas, socialdemócratas, liberales, conservadores, peronistas, anti-peronistas etc. Tal vez por mi pasado liberal – conservador, o tal vez porque hago el esfuerzo, puedo entender y encontrar cierta lógica en todas estas formas de ver el mundo.

De esta manera fui formando mi opinión, que como expresa el título del blog, es tibia. Si bien tengo más tendencia hacia la centro-izquierda puedo comprender el pensamiento liberal y aceptar que tiene algunas ventajas y casos en los que tuvo cierto éxito.
Pero principalmente llegué a la conclusión que lograr alguna especie de consenso social intermedio entre las distintas formas de ver el mundo es más beneficioso que pelear por ver materializada la de uno y luego defenderla aunque haya datos que demuestren la equivocación.
Así, la discusión política en nuestro país me empezó a parecer cada vez más descabellada y considero que se pierde gran parte de la energía, tanto de la sociedad, como de brillantes intelectuales y periodistas, en discusiones infantiles que no nos van a llevar a ninguna posibilidad de acuerdo. Es más, el sistema político Argentino está tan confuso que muchas veces las discusiones son entre personas que ven el mundo de la misma forma y creen en formas parecidas de mejorarlo.

Es por este motivo que me decidí a aprovechar una de las tantas posibilidades que nos da la tecnología, en este caso internet, y escribir este blog. Hoy en día considero al Marketing como una herramienta que como todas puede ser usada con buenos fines pero que en general es utilizada para crear necesidades irreales para mantener al sistema funcionando sin importar las consecuencias negativas  y me hubiese gustado estudiar periodismo, economía, ciencias políticas o historia, para poder dedicarme a pensar y opinar con una base teórica más amplia.
Y tal vez estudie alguna de ellas, o porque no todas, pero soy conciente que para poder insertarme laboralmente en estos campos tendría que esperar varios años y necesito urgente volver a tener un ingreso mensual.
Mientras tanto aprovecho la oportunidad de hacerlo como hobby, porque me apasiona y porque siento la necesidad de aportar mi granito de arena para lograr una sociedad mejor. Probablemente este blog lo lea muy poca gente y muchos de ellos piensen que estoy equivocado o que al no tener estudios relacionados con los temas sobre los que opino no me tomen muy en serio. Pero si alguien con mayor sustento teórico y mayor posibilidad de influir toma aunque sea alguna idea,  ya me sentiría feliz, y sino simplemente será una forma de canalizar horas de pensamiento y lectura, que por otra parte no puedo evitar.

Cuál es mi objetivo con este blog.


El objetivo principal es tirar ideas, analizar ciertos mitos y creencias de la forma más objetiva posible basándome en estadísticas y buscar la forma de llegar a ese consenso intermedio que creo fervientemente que sería más beneficioso que seguir peleando para imponer las ideas propias.
Probablemente me contradiga varias veces a lo largo del blog, pensar sin basarse en ningún dogma tiene ese riesgo, y creo que en muchos casos dos cursos de acción diferentes pueden ser beneficiosos.
Considero que en la forma de ver el mundo está muy relacionada con la forma de ser de cada uno, con lo cual buscar cambiarle a una persona esa visión mediante explicaciones racionales no tiene mucho sentido, sobre todo cuando esa persona puede encontrar a intelectuales que justifican su forma de pensar con otras explicaciones tan racionales como las primeras.

En mi caso personal, tuve al alcance de mi mano la posibilidad de tener un buen ingreso si seguía en él camino en que estaba pero a medida que él mismo aumentaba comprobé en carne propia que eso no me conducía a la felicidad, más bien lo contrario. Por este motivo, sé que la ambición de tener cada vez más riqueza personal no es algo que me movilice y que haga el trabajo que haga voy a tratar de dar lo mejor de mi aunque no tenga la perspectiva de por eso mejorar mis ingresos infinitamente.
Pero también sé que hay otras personas que necesitan el incentivo de ser cada vez más ricos para encontrarle sentido a la vida, y que consideran además ciertos lujos y consumos de los que yo puedo prescindir sin esfuerzo alguno, como una necesidad.

De esta forma es lógico que a este tipo de personas les parezca una enorme injusticia que aquel que gana más tenga que pagar más impuestos mientras a mí me parece natural y deseable.
Quien se basa más en deseos materiales puede comprender y aceptar más fácil que un multimillonario sea capaz de echar a mil empleados simplemente para aumentar un poco su rentabilidad, para mí es incomprensible. Este es solo un ejemplo de como la forma de ser y ver la vida de cada uno influye en el tipo de ideología que cada uno defiende.
Una persona que considera importante tener siempre un poco más, se va a sentir más atraído por el ideario liberal e individualista, va a tender a encontrarle más ventajas a ese tipo de políticas y poner más énfasis en el crecimiento económico que en la distribución del ingreso.
Del otro lado, aquellos a los que el aumento constante de la riqueza no nos moviliza pero que si nos parece fundamental que haya pocas diferencias entre las personas para lograr una sociedad pacífica y sana, vamos a poner más énfasis en la distribución de la riqueza creada que en el crecimiento económico.
Esto no quiere decir, de ninguna manera, que de un lado están los buenos y del otro los malos. La realidad es mucho más compleja y está lleno de personas ambiciosas que defienden ideas de centro-izquierda ya sea por conveniencia, tranquilidad de conciencia o simple contradicción. Y muchas personas que defienden las ideas más liberales que son muy solidarios y capaces de destinar buena parte de su energía a ayudar al prójimo.

La historia económica muestra como esa ambición material bien canalizada aumenta la riqueza de una sociedad beneficiando a todos con el crecimiento económico. Pero al mismo tiempo muestra, sobre todo en las últimas décadas, como la concentración de la riqueza en pocas manos hace que cada punto de crecimiento económico aumente mucho más la riqueza de esos pocos y muy poco o hasta en algunos casos nada la de la mayoría de la población.
Del otro lado vimos como los regímenes socialistas no lograron ni acercarse en creación de riqueza a los capitalistas, probablemente porque les sacaron ese incentivo a todas las personas y ahogaron la iniciativa individual teniendo que coartar libertades para sostenerse, lo cual es en mi opinión inaceptable.
Pero al mismo tiempo tuvieron logros en materia de educación y salud nada desdeñables, sobre todo porque estos regímenes fueron aplicados en países que ya eran atrasados tecnológicamente y materialmente pobres antes de la implantación de dicho sistema, olvidando que Marx había dicho que para que sea sostenible el socialismo debía ser implantado primero en los países industrializados.
Un artista, un científico, un médico o un deportista no necesita el incentivo de ser cada vez más rico para dar lo mejor de sí puesto que lo va a dar de todas formas porque hace lo que le apasiona. Esto es evidente al ver los logros de los países socialistas en éstas áreas. Esto no quita que muchos de ellos no prefieran ser recompensados económicamente además.
Mientras tanto aquel que tiene un trabajo rutinario, si lo necesita para dar lo mejor de sí, al menos en un buen porcentaje de los casos y no tiene sentido intentar imponer un hombre nuevo por la fuerza para que esas personas cambien sus motivaciones. Menos al precio que se lo intentó imponer.

Por otro lado, en mi caso al menos, si bien no necesito sentir que voy a ser cada vez más rico y no me interesan los lujos y sobreconsumos que el sistema capitalista me ofrece como zanahoria, si considero necesarias ciertas comodidades que el mismo me ofrece.
El límite, en mi opinión, está en la naturaleza y en cuan sostenibles son esas comodidades sin destruir el planeta. Sobre todo teniendo en cuenta que son más los que consumen menos que uno y que la tierra aguantaría muy pocos años si todos tendrían un estilo de vida que requiere el consumo de tantos recursos naturales.
“Se el cambio que quieres ver en este mundo”, dijo Mahatma Gandhi, y creo fervientemente que esa frase resume perfectamente la coherencia que debe haber entre lo que uno declama y sus actos.

Pero si logramos que se discuta lo que se tiene que discutir, con la tecnología que hay hoy en día, no sería muy difícil lograr un modo de vida confortable y sostenible para todo el planeta. Es solo cuestión de proponérselo, empezando por el cambio personal y tratando de influir para que ese cambio se traslade al sistema.
Cada uno a su forma, aportando lo que le sale, pero siendo siempre conciente del daño que causa lo que consume y tratando de reducir lo innecesario y reemplazar lo que se puede por la enorme cantidad de opciones que ya hay.
Y que aumentarían exponencialmente si dedicamos nuestra energía a esto en vez de seguir corriendo detrás de la zanahoria, sin mirar a los costados y sin darnos cuenta que adelante hay una pared con la que estamos cerca de chocar.

El mensaje que intento trasmitir.


El petróleo se está acabando, los bosques se reducen a pasos agigantados dando lugar a monocultivos industriales que utilizan todo tipo de agroquímicos que arruinan el suelo o una minería a cielo abierto que usa cantidades enormes de agua potable y químicos altamente dañinos para la salud humana que se filtran a las fuentes del agua potable que quedan.
Aun así seguimos sosteniendo un sistema que fomenta esta destrucción y da un premio económico enorme a quienes la llevan a cabo.
Tenemos la oportunidad de comprar infinidad de productos innecesarios a precios irrisorios gracias a que en varios países asiáticos las personas están dispuestas a interminables jornadas laborales a cambio de un magro sueldo.
Compramos un montón de cosas que no necesitamos descartándolas en solo unos días, sin pensar en todo el petróleo y otros recursos naturales que hay en su producción y transporte, la cantidad de horas de trabajo que llevó hacerlo y la poco o nula utilidad que ese objeto tiene en nuestras vidas.
 Sostenemos un sistema que fomenta la obsolescencia planificada, es decir, hacer las cosas para que duren poco intencionalmente, así se hace necesario fabricar otras y se mantiene a la rueda girando.

¿Pero para qué? ¿Porque no nos detenemos a pensar y debatir esto? Mientras tanto seguimos sumergidos en debates coyunturales cuya resolución nada va a cambiar.
En nuestro país buena parte de la sociedad quiere un cambio de gobierno, pero otra vez, ¿para qué? ¿Para elegir otro que cambie un poco algunas cosas para que todo en el fondo siga igual?
El Kirchnerismo fomentó el sobreconsumo, en el caso de la energía eso es clarísimo y antes de ver las consecuencias ecológicas solo estamos preocupados por las consecuencias macroeconómicas.

Así, casi todo el arco opositor plantea hacer ajustes que son inevitables en la coyuntura pero que a la larga nada cambian. Buena parte de ellos plantean medidas, las pocas veces que lo hacen, que reducirían la cantidad de personas que pueden consumir desmedidamente para tener mayores saldos exportables y menores importaciones. Si se exporta más, esos recursos se consumen de todos modos y el planeta se sigue destruyendo.
Proponen eliminar las retenciones como si eso no fuese a aumentar el monocultivo y la concentración de la riqueza; mantener regímenes impositivos especiales para favorecer inversiones en la actividad minera a cielo abierto; eliminar cualquier tipo de protección a la industria nacional para que los productos de países con salarios y jornadas laborales inaceptables para nosotros puedan estar aún más baratos en nuestras góndolas.  
En las redes sociales mucha gente se muestra preocupada por la ecología y critican al Gobierno por el monocultivo sojero, la minería a cielo abierto, el desmonte y el uso de agroquímicos.
Críticas que comparto, pero luego tienen patrones de consumo que solo se pueden sostener mediante esa destrucción.
Muchos opositores, tanto políticos como mediáticos, que se suman hipócritamente a estas críticas, luego elogian los procesos políticos de países como Perú, Chile o Colombia que se basan tanto o más en esta explotación irracional y destrucción del medio ambiente.

Creo que es hora de parar la pelota y pensar, de analizar sin apasionamientos todo lo que se hizo en esta década para mantener lo bueno y descartar lo malo.
Seguramente van a haber temas en los que no vamos a estar de acuerdo pero estoy seguro que si la sociedad entera se pone a analizar, pensar y debatir desapasionadamente sobre estos años serán más los acuerdos que los desacuerdos.
Hay que exigirles a los políticos que quieren ser presidentes posicionamientos claros sobre todos los temas y elegir al que más se acerca a lo que uno piensa. Hay que exigir que el periodismo pregunte e indague sobre estos temas en vez de perder el tiempo en temas coyunturales, chimentos y peleas políticas.
Pero también la humanidad tiene que empezar a debatir que quiere, hacia donde quiere ir. Este sistema cuenta con muchas herramientas para complicarle la vida a un país que quiere cambiar, un cambio real solo es posible si hay muchos países y sociedades dispuestas a hacerlo.

¿Porque se debate tan poco acerca de la necesidad o no de paraísos fiscales? ¿Tiene sentido fomentar la competencia hasta el punto que muchos países bajen salarios y aumenten jornadas laborales a fin de ganar?¿Tiene sentido que necesitando un pequeño porcentaje de las horas hombre que se necesitaban hace décadas para fabricar el mismo producto las jornadas laborales tengan, en el mejor de los casos, la misma duración que entonces?
¿No es evidente que las corporaciones multinacionales se están haciendo cada vez más ricas?¿Son necesarias para el bien de la humanidad corporaciones multinacionales tan ricas y poderosas?¿Tiene sentido criticar la invasión a Irak por ser en busca de petróleo y luego defender o aceptar un sistema que requiere cada vez más petróleo para mantenerse funcionado?¿Qué diferencia hay entre invadir Irak y echar violentamente a tribus indígenas y pobladores autóctonos para desmontar un área y hacerla viable al monocultivo o la minería?.

Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra. Estamos todos destruyendo al planeta, cuanto más consumimos más lo hacemos, y si no cambiamos la forma en que vivimos llegaremos a un punto sin retorno. Muchos de los cambios necesarios no los puede hacer un solo país, menos uno periférico como el nuestro, pero otros sí.
Mientras tanto se les puede exigir a nuestros representantes un claro posicionamiento al respecto en los distintos foros internacionales además de exigirles un mínimo de coherencia entre su discurso y los hechos.
Y yendo a lo interno es hora de debatir más profundamente, de no dejar que la agenda de lo que se debate la marquen el gobierno de turno o los grandes medios. Es hora de exigir cambios estructurales pero para eso tenemos que hacer el esfuerzo de ponernos de acuerdo como sociedad y en los puntos en que no haya acuerdo ceder para lograr algún término medio.
No tiene sentido hacer una marcha en contra de un gobierno para que se vaya, ni hacerla para darle apoyo a ese gobierno por ser el menor de los males.
Sería mucho más útil hacer las marchas para exigir ciertas medidas específicas. Hay muchas en las que una gran mayoría estaría de acuerdo.
Mi objetivo con este blog es tratar de evitar las discusiones coyunturales sobre la marcha del país que no conducen a ningún cambio. Claro que hay problemas que requieren una solución urgente, pero pasamos la gran mayoría del tiempo debatiendo sobre estos problemas y tratando de demostrar cuan equivocado está el otro.
Pero si no hay cambios estructurales estos problemas se van a seguir repitiendo, sino nos ponemos de acuerdo como sociedad en ciertos puntos básicos vamos a seguir teniendo crisis cada cierta cantidad de años que son totalmente innecesarias y siempre dañan más a los que menos tienen.

No hay un culpable, todos lo somos como sociedad y tenemos que cambiar estas actitudes si queremos que dejen de ocurrir.
Tenemos que aprovechar nuestra experiencia histórica, todo lo que nos sucedió fue una enseñanza como sociedad de la que si realmente aprendemos nos ayudará a mejorar.
Desde este lugar intentaré marcar algunos de esos debates que considero que hay que dar y espero que se extiendan en los comentarios.
Ojalá el blog pueda enriquecerse con esos debates porque me estaría enriqueciendo yo. Seguramente habrá dando vueltas por el mundo gente que sabe mucho más que yo sobre cada tema y que tiene mucho que aportarme. Y sino sabré que al menos lo intenté.